Óscar Puente, el escondido: el indomable que se repliega esperando su momento
- Miguel Ángel Arranz Molins
- 11 jun
- 2 Min. de lectura
Actualizado: 12 jun

Óscar Puente ha pasado de ser el bulldog mediático del sanchismo a un perfil bajo que llama la atención precisamente por su silencio. El ministro que se crecía en la gresca y disfrutaba en la refriega ahora parece desactivado. ¿Dónde está Óscar? ¿Por qué ya no saca la cara por Pedro Sánchez? Muy sencillo: porque ha descubierto que Sánchez es su mayor amenaza política.
El que antes se lanzaba con fiereza a devorar tertulias y responder con zarpazos a todo lo que oliera a oposición, ahora se esconde, se repliega y toma nota. No es que haya cambiado su temperamento, es que ha entendido la selva del sanchismo: hoy sirves para defender al jefe, mañana te echa a los lobos.
Óscar Puente, el indomable, se ha dado cuenta de que Pedro Sánchez es la horma de su zapato. El único que no necesita levantar la voz para neutralizarlo. Y eso, en un perfil político como el de Puente, duele. Porque él no vino para callar, sino para marcar territorio. Pero ahora se guarda las garras, no por miedo, sino por instinto. El instinto del animal político que espera su momento para atacar a quien un día le utilizó como perro de presa y mañana puede tirarlo a la cuneta.
No hay que engañarse. Puente no está fuera del tablero. Está esperando. Su repliegue no es resignación, es cálculo. Porque sabe que, cuando Sánchez caiga —y caerá—, él querrá ser el primero en saltar sobre el cadáver político. No por venganza, sino por supervivencia. Así funciona la naturaleza salvaje de la política en la corte socialista.
Óscar Puente ha entendido que ser ministro de Transportes en un gobierno en descomposición es una estación de paso. Su ambición está más arriba. Y para llegar allí, primero debe dejar que el fuego se consuma solo. Después, cuando no queden aplausos ni focos para Sánchez, llegará el zarpazo.
Que nadie se confunda: Puente no ha cambiado, se está cargando. Y cuando salte, lo hará a la yugular. Porque si algo sabe el indomable, es que en la política de Pedro Sánchez no hay aliados, solo herramientas. Y Óscar, que fue herramienta, quiere ser verdugo.
Miguel Ángel Arranz



