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España ya pasa página: la corrupción dura menos que un informativo.

  • Foto del escritor: Miguel Ángel Arranz Molins
    Miguel Ángel Arranz Molins
  • hace 12 horas
  • 1 Min. de lectura

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La entrada en prisión de Ábalos y koldo ya no significa nada. Está amortizada. Sánchez ha conseguido encapsular el caso y separarlo artificialmente del PSOE, como si fueran dos desconocidos. Hace meses era un escándalo nacional. Hoy es rutina.


La verdad es clara: España ha llegado al límite de indignarse. Ya no importa cuántos entren en prisión o cuántos caigan. La gente está saturada. Es más: ¿alguien se acuerda ya de la detención del presidente de la Diputación de Almería del Partido Popular? Nadie. También está amortizado. En este país, la corrupción caduca en 48 horas. Hemos normalizado lo intolerable.


Sí, estos días la izquierda está nerviosa, moviendo hilos mediáticos, argumentarios y dramas televisivos. Pero es temporal. En cuanto entren las luces, los villancicos y las cenas, esto pasará al archivo mental del “me da igual”. El 1 de enero la conversación será simplemente:


—¿Cómo estarán esos dos en la cárcel?, y poco más.


Mientras tanto, el Partido Popular vuelve a fallar. Tendría que estar liderando, ofreciendo alternativa, marcando dirección. Pero no: ni está ni se le espera. Un partido sin voz y sin reflejos.


Por eso, cuando lleguen las urnas, veremos crecer a Vox y a Alvise. No porque de repente el país se haya vuelto extremo, sino porque el votante está harto. Igual que ocurrió con Podemos en su momento, estas opciones crecerán por pura reacción. Porque cuando el sistema se pudre y los partidos tradicionales decepcionan, el ciudadano busca otra salida. Así que ahora toca Navidad y desconexión.


Después, en las urnas, llegará el ajuste. Y ahí más de uno descubrirá que el hartazgo siempre vota.


Miguel Ángel Arranz

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