De mano derecha a caja de cartón: el breve final de Bolaños.
- Miguel Ángel Arranz Molins
- hace 5 días
- 2 Min. de lectura

Bolaños, cariño, te quedan dos telediarios. Y ni siquiera enteros. Igual solo sales en el del mediodía, el de menos audiencia, el que la gente pone de fondo mientras calienta el arroz tres delicias del Mercadona.
Así funciona este gobierno-reality: un día eres el escudero fiel, el elegido, el favorito del César; y al siguiente eres un mueble viejo que estorba el feng shui de la Moncloa. Y claro, en Palacio no se acumulan trastos: se tiran. O mejor dicho: se sustituyen por otro más útil, más dócil, más televisable.
Porque lo tuyo, Bolaños, no ha sido una caída. Ha sido una expulsión tipo Operación Triunfo: luces, música, y Pedro Sánchez poniendo cara dramática mientras dice algo tipo:
“Felix… la convivencia institucional se ha vuelto insostenible. Coge tus cosas.” Y tú con cara de “¿Pero qué ha pasado si hace dos meses me dabas dos ministerios como quien reparte yogures?”
La respuesta es sencilla: no has hecho los deberes. Porque aquí no se te pedía gestionar el Estado, modernizar la Justicia, reformar leyes o resolver conflictos institucionales. No, hombre, no. Eso viene al final de la lista, justo después de “regar las plantas de La Moncloa”.
Se te pedía una cosa mucho más básica: blindar lo personal. Lo de ella.
Lo de él. Lo de los nuestros. Y ahí fallaste.
Porque la famosa “ley Begoña” era tu examen final. Una tarea clarísima: legalizar jurídicamente el concepto “Esto no se toca porque me viene mal”.
Eras el encargado de diseñar un parapeto legal para que ciertos apellidos no aparecieran ni en titulares ni en sumarios judiciales. Y ni eso. Ni con mayoría parlamentaria, ni con socios tan flexibles que se doblan más que una pajita de bar.
Ahora ya se ve venir al sustituto. Garzón, ese experto en estar siempre disponible para lo que toque: juez estrella, mártir democrático, tertuliano profesional y ahora, aspirante a Ministro de Justicia. Ya está en modo gira preministerial: entrevistas, documentales, sonrisas profundas, discurso de “me persiguieron pero ahora vuelvo como héroe”. Si esto fuera una boda gitana, estaría ya repartiendo puros.
Y claro, tener de padrino a Zapatero y de consorte a una ex Fiscal General ayuda más que un máster en Oxford. Llámalo meritocracia a la española.
Mientras tanto, tú, Bolaños, vas camino de entrar en esa zona política donde acaban los que ya no son útiles: los “ex”. Ex-hombre fuerte. Ex-preferido. Ex-necesario.Ex-indispensable.
Lo único que te queda pendiente es la frase final del jefe: “No es personal, es política.” Y tú, por dentro, sabiendo perfectamente que es al revés: no es política, es completamente personal.
Bienvenido al club de los descartables, Felix. No eres el primero. No serás el último.
Y en Moncloa ya han empezado a hacer lo de siempre: borrar fotos, quitar tu taza del despacho, y preparar la silla para el siguiente.
Porque aquí nada cambia, solo se cambian las piezas.
Miguel Ángel Arranz



