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Ya salió el " Francomodín "

  • Foto del escritor: Miguel Ángel Arranz Molins
    Miguel Ángel Arranz Molins
  • 23 oct
  • 2 Min. de lectura


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Ya es tradición. Ya es casi marca registrada. Es la carta más usada del manual de emergencias de Moncloa: cuando algo va mal, cuando el agua empieza a entrar por la borda, cuando los asesores ya no saben cómo llenar el telediario sin mencionar la palabra “corrupción”, entonces —tachán— aparece Franco. Sí, Franco, el salvavidas ideológico de Pedro Sánchez.



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Parece que en el equipo de

comunicación del presidente hay una pizarra con seis palabras mágicas escritas en rotulador rojo: Gaza, Aborto, Ayuso, Andalucía y Franco. Es el kit de supervivencia mediática del PSOE. Si sube el ruido por los casos de corrupción en el entorno Moncloa, si se filtran audios, contratos o favores, se pulsa cualquiera de esos botones y, automáticamente, todos los medios y tertulianos entran en combustión.


Es una estrategia tan vieja como previsible. Y, sin embargo, les funciona. Porque saben que España sigue siendo ese país dividido en dos bandos imaginarios: los que ven fantasmas del pasado y los que se creen perseguidos por ellos. Mientras tanto, los temas que realmente importan —los contratos inflados, los asesores fantasmas, los viajes pagados y los favores cruzados— desaparecen entre el humo de una guerra cultural prefabricada.


Lo peor no es que lo hagan, lo peor es que funciona. Funciona porque hay una masa dispuesta a morder el anzuelo cada vez. Una sociedad anestesiada a la que le resulta más cómodo discutir sobre Franco o Ayuso que exigir explicaciones sobre los chanchullos de hoy.


Y así seguimos, año tras año, sacando al Franco Comodín del cajón cada vez que las cosas se tuercen. Es el recurso perfecto: no cuesta dinero, genera titulares y mantiene la polarización bien caliente. Lo único que no genera es responsabilidad política. Pero claro, eso en el manual de Pedro Sánchez no aparece.


Mientras tanto, en España la realidad sigue moviéndose: la economía se enfría, los escándalos crecen y el Gobierno responde con su carta estrella, con su tótem de distracción. Porque sí, amigos, ya salió el Franco Comodín. Y no será la última vez que lo veamos sobre la mesa.


Miguel Ángel Arranz

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