Ya está bien
- Miguel Ángel Arranz Molins
- 27 oct
- 2 Min. de lectura

Ya está bien. Ya está bien de tener que soportar, en recintos privados, espectáculos políticos de quienes se creen dueños del discurso moral. Ya está bien de que un aficionado que paga su entrada para ver deporte tenga que tragarse pancartas, mensajes ideológicos y amenazas veladas, solo porque no comulga con el pensamiento único de una minoría ruidosa.
Lo de esta imagen no tiene nada que ver con el deporte. No es amor a los colores, no es sentimiento, no es afición. Es adoctrinamiento. Es radicalismo puro y duro disfrazado de compromiso social. Y lo peor, es que muchos clubes, por miedo o por cobardía, lo toleran. Porque “son los que animan”, porque “siguen al equipo a todos lados”. No, señores: lo que siguen es su propio circo ideológico, y lo hacen a costa del respeto y la libertad de los demás.
Cuando te dicen que “la historia juzgará a quienes callan”, lo que realmente quieren decir es: “te señalaremos si no piensas como nosotros”. Y eso, precisamente, es lo que define al fascismo que dicen combatir. Se han convertido en lo mismo que denuncian: en censores, en inquisidores, en fanáticos.
Lo que ocurre en muchos pabellones y estadios de España es vergonzoso. Se ha perdido el respeto al aficionado normal, al que solo quiere disfrutar del deporte sin consignas ni ideologías. Y mientras tanto, las directivas miran hacia otro lado, temerosas de ser acusadas de “represoras”. Pues no: reprimir el fanatismo no es censura, es sentido común.
El deporte debería unir, no dividir. Pero mientras algunos sigan usando las gradas como altavoz político, lo único que harán es vaciarlas de gente decente. Porque cada vez somos más los que nos cansamos de ver cómo una minoría ruidosa se cree con derecho a dictar quién puede disfrutar de un partido y quién no.
Ya está bien.
Miguel Ángel Arranz



