Vuelva en 5 días......
- Miguel Ángel Arranz Molins
- 20 oct
- 2 Min. de lectura

Ya sabemos por qué los trámites se eternizan, por qué pedir una cita presencial en cualquier oficina pública es casi una misión imposible y por qué el sistema parece permanentemente colapsado. No es por falta de recursos ni por exceso de trabajo. Es porque casi el 50 % de los funcionarios trabaja desde su casa. Medio país intentando hacer gestiones y medio funcionariado atendiendo desde el salón de su vivienda.

Luego vienen las excusas de siempre: que si están sobrecargados, que si no hay personal, que si necesitan más incentivos. No. Lo que hace falta es que trabajen de cara al ciudadano, que para eso se les paga. Porque una administración sin presencia no es servicio público, es un muro de correos automáticos y teléfonos que nunca responden.
Y lo más curioso es que ya sabemos todos, también la administración, lo que tarda en desarrollar cualquier nuevo procedimiento: años, años y más años. Pero, sorprendentemente, la ley que permite a los funcionarios teletrabajar se aprobó en tiempo récord, a velocidad exprés. Por lo tanto, querer es poder. Y ya se sabe: en ciertas cosas, los funcionarios quieren mucho más que en otras.
El teletrabajo en la administración se vendió como modernización, pero en la práctica se ha convertido en el refugio perfecto para la ineficiencia. Porque o bien la mitad de los empleados públicos está dedicada solo a tareas burocráticas, o bien la mitad del sistema no está disponible para atender al ciudadano. Y las dos opciones son igual de graves.
Mientras tanto, el sector privado se mide, se controla y se evalúa, y quien no cumple, no cobra. En cambio, en el sector público da igual: el sueldo llega igual, haya productividad o no. El resultado es un país que se acostumbra a esperar, a justificar lo injustificable y a tolerar lo que no debería tolerar.
Y cuando el ciudadano protesta porque no le atienden, la respuesta es siempre la misma: falta de personal. No, lo que falta es voluntad. Y lo que sobra es comodidad.
Miguel Ángel Arranz



