VOX: ¿Preparados para gobernar o condenados a vivir en la queja?
- Miguel Ángel Arranz Molins
- 5 sept
- 2 Min. de lectura

La gran pregunta que muchos se hacen hoy es si Vox está realmente preparado para gobernar o co-gobernar España. Y la respuesta, por dura que suene, es que no. No al menos en las condiciones actuales, no con la estrategia que despliegan y no con la forma en la que han construido su identidad política.
Lo primero que hay que entender es que Vox vive mucho más cómodo fuera de las instituciones que dentro de ellas. No es un partido diseñado para gestionar, sino para señalar, denunciar y amplificar la queja. Es mucho más fácil golpear desde la oposición, lanzando titulares y agitando banderas, que tomar decisiones reales con sus correspondientes costes políticos. Gobernar implica renunciar, pactar, negociar y, sobre todo, asumir responsabilidades. Y, hasta el momento, Vox ha demostrado que le resulta más rentable no hacerlo.
En segundo lugar, el discurso de Vox se sostiene, casi en exclusiva, sobre la queja inmediata, la reacción express al problema de turno. Cuando hay un conflicto territorial, Vox grita; cuando hay una crisis migratoria, Vox grita; cuando hay un escándalo judicial, Vox grita. Y quejarse no está mal. De hecho, es sano en democracia que haya partidos que levanten la voz. El problema aparece cuando detrás de la queja no hay un plan, no hay estrategia, no hay hoja de ruta. Cuando no hay propuestas sólidas, todo se convierte en ruido.
Pero incluso si Vox llegara mañana a La Moncloa o a un acuerdo para co-gobernar con el Partido Popular, la pregunta es: ¿cómo gobernarían? La realidad es que la única vía que tendrían para imponer sus políticas sería utilizar las mismas armas que tanto critican: la del chantaje político. Exactamente el mismo modelo que ahora usan los partidos nacionalistas que Vox dice combatir. “Esto a cambio de aquello”, “si no me das esto, no te apruebo aquello”, “si quieres mi voto, cúmpleme esta lista de exigencias”. Y eso, no nos engañemos, no es gobernar, es simplemente replicar el juego de poder que tanto detestan… pero desde el otro lado de la mesa.
Si Vox quiere ser tomado en serio como una verdadera alternativa de gobernanza y no como un mero socio de apoyo o un agitador mediático, debe hacer algo que hasta ahora no ha demostrado capacidad de hacer: proponer, pactar y construir. Tiene que demostrar que puede gestionar un presupuesto, que puede elaborar leyes viables, que puede tomar decisiones que afecten a millones de personas y, sobre todo, que puede hacerlo sin dinamitar las instituciones desde dentro.
España necesita liderazgo, no altavoces. Necesita soluciones, no consignas. Y, por ahora, Vox no ha demostrado que pueda ser algo más que un partido instalado en la queja perpetua. Si quiere gobernar, debe dejar de comportarse como un tertuliano indignado y empezar a actuar como un partido de Estado. Porque si no lo hace, seguirá siendo exactamente lo que es hoy: una fuerza de protesta. Ruido, mucho ruido, pero sin capacidad real de cambio.
Miguel Ángel Arranz



