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Del voto al veto: la izquierda ya no compite, amenaza

  • Foto del escritor: Miguel Ángel Arranz Molins
    Miguel Ángel Arranz Molins
  • 7 jul
  • 2 Min. de lectura

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Hay frases que deberían alarmar a cualquier demócrata. Una de ellas, cada vez más repetida por ciertos sectores de la izquierda, es: “No vamos a dejar que gobierne la derecha”. Ya no se trata de ganar en las urnas, sino de bloquear al adversario legítimo por cualquier medio.


¿Y eso qué es si no una amenaza a la democracia? ¿Acaso están diciendo que no respetarán el resultado electoral? ¿Que saldrán a incendiar las calles si pierden? ¿O que moverán sus hilos mediáticos, judiciales y parlamentarios para evitar la alternancia?


La frase recuerda al chavismo: ellos son “el pueblo” y el que disienta es enemigo a destruir. Para esta izquierda atrincherada en el poder, perder no es una opción. Y si hay que evitarlo a toda costa, se hace.


Se normaliza la violencia verbal, la desobediencia civil y el acoso al disidente. Todo vale si es “contra la derecha”. Y mientras tanto, medios cómplices, tertulianos sumisos y un PSOE irreconocible avalan esta deriva autoritaria con tal de mantener el sillón.


Este tipo de discurso no es sólo peligroso por lo que dice, sino por lo que implica: la negación del principio más básico de cualquier democracia real, la alternancia en el poder. Si solo se admite el juego cuando ganan ellos, entonces ya no hay juego, hay régimen. Y lo peor es que muchos lo aplauden, sin entender que hoy es contra “la derecha”, pero mañana puede ser contra cualquiera que no repita el dogma oficial. Es la puerta abierta al totalitarismo de los supuestamente buenos.


“No vamos a dejar que gobierne la derecha” no es una frase política: es una declaración de guerra a la democracia. Y si no lo frenamos ahora, no digan mañana que no estaban avisados


Miguel Ángel Arranz

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