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La “hermanísima” y el cuento que no se cree nadie

  • Foto del escritor: Miguel Ángel Arranz Molins
    Miguel Ángel Arranz Molins
  • 6 nov
  • 2 Min. de lectura

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Lo de la hermanísima ya roza la tomadura de pelo. Comparece ante el Supremo y pretende que nos traguemos que no recuerda qué medio le envió una filtración tan sensible como el contenido del móvil del entorno de Ayuso. Venga, por favor. Ese tipo de información no te llega como si fueran ofertas del supermercado. No cuela. No se lo cree nadie.



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Y aquí está la clave: no lo mandó la Fiscalía, pero ella tampoco sabe quién se lo filtró. Casualidad. Amnesia selectiva. La misma amnesia que aparece siempre que una respuesta clara compromete el relato que les sostiene políticamente.


Porque no nos engañemos. Tanto ella como su hermano han vivido toda la vida colgados de la misma liana: la política. Y funcionan como esos “monos” simbólicos que no sueltan una rama hasta que tienen bien agarrada la siguiente. Y ahora mismo, la rama que no hay que soltar se llama Pedro Sánchez. Es la mano que les alimenta y, por tanto, la mano que nunca morderán.


Pero tampoco seamos ingenuos. Si mañana se hundiera esa rama, no tendrían el más mínimo reparo en reinventarse de nuevo, en sacrificar a quien hiciera falta, incluso al actual portavoz socialista en Alcobendas, para volver como si fuesen los salvadores de la ciudad. Ya ha pasado antes: borrón, cuenta nueva y vuelta al sillón.


Porque no son amantes de la ciudad, son amantes del sillón. De ahí viene su energía, su constancia y sus prisas. Saben que desde el cargo público es desde donde mejor se vive, donde mejor se maniobra y donde mejor se “aprovechan” de lo público.


A mí no me sorprende nada. Lo sorprendente sería que actuaran de otra forma. Lo suyo es pura carroña política, y en ese ecosistema se mueven como peces en el agua.


Miguel Ángel Arranz

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