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¿Cuántos Rafitas tenemos en España?

  • Foto del escritor: Miguel Ángel Arranz Molins
    Miguel Ángel Arranz Molins
  • hace 4 días
  • 2 Min. de lectura

Actualizado: hace 3 días


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¿Qué pasó con…? Hoy: el vividor político de primera línea, Rafael Sánchez Acera, colocado en CERSA: el chiringuito perfecto. No levanta una pyme, pero sí levanta sueldos.


España no necesita series de televisión. Tenemos algo mejor: la política. Y como toda saga nacional que se respete, llega el momento de resucitar personajes caídos del tablero para ver dónde han terminado. Porque, como ya sabemos, en política nadie desaparece: se reubica.


Y aquí aparece nuestro protagonista: Rafael Sánchez Acera.Exalcalde de Alcobendas. Hermano de una asesora de Moncloa. Especialista en supervivencia institucional nivel National Geographic.


Cuando pierde el poder local, no vuelve a su profesión ( no la tiene) , no busca empleo como cualquier ciudadano, no pisa una oficina de empleo. No. Simplemente reaparece en otro sillón. Y esta vez, en CERSA.


Ese organismo público que nadie conoce, del que nadie pregunta, pero donde —casualidades de la vida— siempre hay sillas libres para los que fueron útiles al partido.


Porque si usted preguntara en la calle qué es CERSA, nueve de cada diez responderían:

¿Una marca de yogures?

¿Un medicamento para la alergia?

¿Un nuevo sindicato?


No. Es simplemente otro organismo semipúblico perfecto para colocar a quien ya no tiene dónde sentarse.


El sueldo: la única parte clara de toda esta historia:


123.158 € al año en sueldo fijo

hasta 58.701 € en dietas

Total: casi 180.000 euros al año.


Por un cargo que nadie votó, que nadie pidió y que, por supuesto, nadie ha explicado por qué lo merece él y no otra persona con formación o experiencia real.


Compare esta escena:


Un autónomo rellenando impuestos con ojeras, pidiendo financiación, rogando que el banco crea en su proyecto.


Un consejero recién aterrizado preguntando: ¿Esto va con tarjeta corporativa?


España resumida en un diálogo. Y lo triste es que ya ni sorprende. Porque esto no es un caso aislado ni un error del sistema: es una metodología.


Aquí, cuando un político pierde su silla, la Administración se convierte en Ikea: siempre hay un mueble disponible. Consejos de administración, fundaciones, agencias, institutos, observatorios… todos con nombre solemne, misión abstracta y una línea presupuestaria generosa.


Y mientras tanto, las pymes —esas que supuestamente hay que apoyar— cierran, reducen plantilla o directamente desaparecen antes de cumplir tres años. Todo mientras alguien en Madrid estrena despacho, sueldo, tarjeta de acceso y un nuevo título que queda fenomenal en LinkedIn: “Consejero”.


Porque España no funciona como una democracia moderna. Funciona como una agencia de empleo exclusiva para los suyos. Y Rafael Sánchez Acera es simplemente otro capítulo más en una saga que nunca termina.


Continuará.........


Miguel Ángel Arranz

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