El que pone trabas a la justicia, algo teme
- Miguel Ángel Arranz Molins
- 14 oct
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Lo que uno no termina de entender es esa obsesión que tienen muchos dirigentes, de todos los colores, por ponerle zancadillas a la justicia. Es una actitud que no distingue siglas, ni ideología, ni cargo. Da igual que hablemos del Koldo de turno, del Ábalos de turno, de la Begoña de turno o del novio de Ayuso de turno. El patrón es el mismo: primero la negación, luego el silencio, después el abogado nuevo, la táctica dilatoria, el defecto de forma y, finalmente, la victimización.
Si tan inocentes sois, ¿a qué viene tanta maniobra? Si de verdad no hay nada que ocultar, se va al juzgado, se declara y punto. Pero no. Aquí lo que se impone es el manual del obstáculo: retrasar, recusar, recurrir, dramatizar. Todo menos mirar de frente a la justicia.
Porque cuando alguien empieza a poner palos en la rueda, a buscar la triquiñuela o el tecnicismo, lo que transmite no es precisamente transparencia. Transmite miedo. Miedo a que se sepa la verdad.
España lleva demasiados años viendo desfilar por los tribunales a políticos y allegados que juran inocencia mientras ponen todo tipo de impedimentos para no sentarse ante un juez. De un lado y del otro, la historia se repite. Cambian los nombres, cambian las siglas, pero el guion es el mismo.
Así que, si de verdad queréis que la gente crea en vuestra inocencia, haced algo muy simple: presentad vuestra cara, responded sin miedo y dejad de esconderos tras abogados, excusas y estrategias. La justicia no muerde; solo muerde la verdad cuando la estás intentando tapar.
Miguel Ángel Arranz



