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La banda de Sánchez llevará al PSOE a la desaparición: todos los partidos socialistas en Europa cayeron por lo mismo, por corrupción

  • Foto del escritor: Miguel Ángel Arranz Molins
    Miguel Ángel Arranz Molins
  • 13 jun
  • 2 Min. de lectura
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Lo que está ocurriendo en España no es una anomalía, es el mismo patrón que ya ha destruido a los partidos socialistas en varios países europeos. No fue la derecha, no fue el liberalismo, ni la extrema derecha: fue la corrupción, el clientelismo, el engaño sistemático, y una casta dirigente obsesionada con mantenerse en el poder a costa de todo. Y eso es exactamente lo que representa hoy la banda de Sánchez.


El Partido Socialista Francés fue una referencia internacional. Gobernó con fuerza, con mayoría social, con una base obrera sólida. Hoy está hundido, irrelevante, casi residual. ¿El motivo? Casos de corrupción, escándalos financieros, mentiras electorales, promesas traicionadas. La gente no perdona cuando quien dice defender a los más humildes se dedica a enriquecerse y a blindar a los suyos.


El Partido Socialista Italiano directamente desapareció. No es una metáfora. En los años noventa, la operación judicial “Mani Pulite” destapó un sistema de sobornos y corrupción institucionalizada que aniquiló al partido. Sus dirigentes acabaron imputados o huyendo, y el partido fue disuelto. Lo que un día fue una fuerza histórica quedó reducido a cenizas por el mismo cáncer que hoy gangrena al PSOE: el poder por el poder, la impunidad por encima del país.


Y en Europa del Este, los partidos socialistas o excomunistas que intentaron sobrevivir sin limpiarse, sin regenerarse, terminaron igual. En Polonia, Hungría, Bulgaria… el hartazgo ciudadano ante redes clientelares, enchufes, privilegios de partido y corrupción los llevó a desaparecer del mapa político. Y donde no desaparecieron del todo, hoy son partidos zombis: sin alma, sin poder y sin credibilidad.


El PSOE de Sánchez no es solo un partido con casos de corrupción. Es una organización que ha normalizado la corrupción como forma de gobierno. Desde los contratos amañados hasta los sobresueldos, desde el uso partidista de instituciones hasta el blindaje de familiares, asesores y dirigentes bajo sospecha. No hay voluntad de limpiar, sino de proteger y perpetuar. Así empieza la caída.


Los votantes perdonan errores, pero no traiciones. Y si el PSOE sigue por este camino de mentiras, impunidad y dependencia de sus socios por conveniencia, acabará como sus

hermanos europeos: olvidado, despreciado y barrido por una ciudadanía que ya no se cree nada.


La historia está escrita. Y se repite.


Miguel Ángel Arranz


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