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UGT y CCOO: de azotes de la derecha a cómplices del saqueo socialista

  • Foto del escritor: Miguel Ángel Arranz Molins
    Miguel Ángel Arranz Molins
  • 18 jun
  • 3 Min. de lectura

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Aquí tienes un artículo crítico y ridiculizante sobre el silencio de los principales sindicatos ante la corrupción del PSOE, contrastado con su vehemencia frente a otros partidos. Está redactado en tono duro y con ejemplos reales para reforzar el mensaje:


Sindicatos de silencio: los leones del PP convertidos en corderos del PSOE


Hubo un tiempo en que los sindicatos rugían. Cuando el Partido Popular gobernaba, bastaba una sospecha, una sospecha leve, una sombra de imputación, para que CCOO y UGT organizaran manifestaciones, ruedas de prensa, concentraciones frente al Congreso y campañas con pancartas impresas a todo color. Eran tiempos de fuego sindical. De huelgas generales y comunicados altisonantes. Eran —qué tiempos aquellos— los autoproclamados guardianes de la ética pública.


Pero ahora… silencio. Silencio absoluto. Silencio clamoroso. Silencio cómplice.


Porque cuando la corrupción tiene carné socialista, los sindicatos pierden la voz. O peor aún, la venden.


Ahí están los casos más sonrojantes:


Caso ERE de Andalucía: el mayor escándalo de corrupción de la democracia (hasta el momento, veremos), con más de 680 millones de euros saqueados del dinero destinado a parados. Silencio sindical. Es más, UGT Andalucía aparece como beneficiario directo del desfalco, mediante facturas falsas, comilonas sindicales a costa de fondos públicos y “regalos” cargados a la Junta.


Caso Koldo: una trama que toca directamente al círculo de Pedro Sánchez, salpica a ministros y colaboradores directos, y refleja cómo se aprovechó la pandemia para colocar mordidas en la compra de mascarillas. ¿Y qué dicen los sindicatos? Nada. Solo algunos tímidos comunicados para “no interferir en la justicia” (¿interferir ahora? ¿y antes?). El caso alcanza a Renfe, ADIF, Correos, empresas públicas… donde UGT y CCOO tienen representación y conocen cada contrato. Y sin embargo: mutismo.


Caso Delcygate, el rescate de Plus Ultra, las ayudas a dedo en Valencia… Y en todos ellos, una pauta común: cuando el PSOE gobierna, los sindicatos se esconden. No hay huelgas. No hay pancartas. No hay gritos. Solo susurros… o directamente, nada.


Limpieza selectiva: ¿ética o conveniencia?


Porque ya no luchan contra la corrupción. Luchan contra quien no les paga la subvención.

Es fácil ser activista cuando la protesta es contra tu enemigo político. Lo difícil es ser coherente y denunciar también al amigo que mete la mano en la caja.


Pero claro, eso podría poner en peligro subvenciones millonarias, cursos de formación, liberados, chiringuitos, convenios, mesas sectoriales…


Y así, la dignidad sindical ha quedado en alquiler. Porque cuando toca denunciar al PSOE, los sindicatos hacen lo que mejor saben hacer últimamente: callarse, mirar hacia otro lado… y seguir cobrando.


De contrapoder a comparsa institucional


Hoy los sindicatos ya no son garantes del interés del trabajador. Son apéndices del poder político socialista, cómodos en su papel de socios estratégicos, siempre listos para protestar contra la “derecha” pero ciegos ante la podredumbre que emana del gobierno “progresista”.


La gran paradoja es que la corrupción también empobrece al trabajador, detrae recursos públicos, impide que lleguen ayudas, encarece los servicios, castiga a los honrados. Pero eso parece importarles poco cuando quien roba lleva la rosa en la solapa.


Los sindicatos han dejado de ser el altavoz de los trabajadores para convertirse en el eco vacío del poder. Denunciaron al PP con rabia, y ahora protegen al PSOE con silencio.

Y ese silencio no es inocente. Ese silencio también es corrupción.


Miguel Ángel Arranz

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