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Sánchez: valiente contra ciclistas, cobarde ante las multinacionales de armas.

  • Foto del escritor: Miguel Ángel Arranz Molins
    Miguel Ángel Arranz Molins
  • 18 sept
  • 2 Min. de lectura

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Qué fácil resulta para este Gobierno disfrazarse de valiente cuando el enemigo es pequeño, cuando el golpe va contra los débiles, contra esas 80 familias que malviven del ciclismo profesional en España, muchas de ellas sobreviviendo con contratos precarios y apoyos mínimos. Ahí sí, ahí Pedro Sánchez y su corte saben alzar la voz, montar titulares y presumir de firmeza. Ahí se sienten cómodos porque el coste político es nulo y porque pueden dar la imagen de autoridad a costa de quienes no tienen capacidad de respuesta.


Pero cuando se trata de plantar cara a las grandes multinacionales armamentísticas, la música cambia. Ahí ya no hay valentía, ahí no hay urgencias ni discursos encendidos. Ahí lo que vemos es lo de siempre: retrasos, excusas, pactos bajo la mesa y un Gobierno que se arruga en cuanto huele el poder económico y la presión internacional. El embargo de armas a Israel se retrasa, se enfría, se diluye en titulares ambiguos, y lo que iba a ser una medida firme contra una masacre se convierte en un gesto cobarde, calculado y vacío.


Y mientras tanto, la izquierda idiotizada de nuestro país permanece sumisa y callada. No hay voces críticas, no hay debates reales. Solo hay militantes y opinadores de saldo esperando a ver qué mensaje les llega desde el WhatsApp de Moncloa para repetir la cantinela de siempre: “bulo, intoxicación, fachoesfera”. Esa es la única respuesta que saben dar: propaganda barata en lugar de pensamiento propio.


El resultado lo conocemos de memoria: silencio en los medios públicos, ni un minuto de debate serio en la telebasura de RTVE, tertulias domesticadas y una opinión pública narcotizada a golpe de consignas. Así funciona el aparato de propaganda del sanchismo: cuando conviene, amplifican el ruido; cuando toca enfrentarse a intereses de verdad, aplican la mordaza y pasan de puntillas.


El problema no es solo el retraso en un embargo de armas. El problema es que tenemos un Gobierno que juega a ser valiente con los débiles y se arrodilla ante los fuertes. Que golpea a ciclistas y autónomos, pero se achica ante las multinacionales. Que finge ser progresista, pero actúa como el más cobarde de los gobiernos conservadores, siempre dispuesto a vender principios a cambio de poder.


Esa es la cruda realidad: este Gobierno no defiende principios, defiende intereses. Y no los de España, ni los de los españoles, sino los suyos propios y los de quienes realmente mueven los hilos desde fuera.


Miguel Ángel Arranz

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