top of page

Sánchez saca el trapo rojo y Feijóo entra

  • Foto del escritor: Miguel Ángel Arranz Molins
    Miguel Ángel Arranz Molins
  • 4 sept
  • 2 Min. de lectura

ree

Con septiembre llega la vuelta al cole, el fin de las vacaciones, la rutina el Gobierno con su manual de supervivencia política: activar cortinas de humo. La estrategia es vieja, conocida y calculada. Con una agenda judicial que amenaza con poner contra las cuerdas a varios altos cargos y al propio presidente, en Moncloa ya se ha pulsado el botón de emergencia. Y el plan es claro: fabricar debates artificiales que desvíen la atención de lo realmente importante.


El guion es tan previsible que casi resulta insultante. Primero, política de género: titulares, polémicas, declaraciones incendiarias y acusaciones cruzadas. Después, inevitablemente, se solapa con política medioambiental: el Gobierno agita la bandera de la “crisis climática” y la necesidad de nuevas medidas restrictivas. Si eso no basta para captar la atención mediática, ya sabemos cuál será la carta final: internacionalizar el ruido. Guerra en Ucrania, tensiones en Gaza, conflictos internacionales… cualquier escenario vale para llenar telediarios y debates, mientras los verdaderos problemas judiciales permanecen escondidos bajo la alfombra.


Lo más grave no es solo la maniobra del Gobierno, sino que el principal partido de la oposición cae una y otra vez en la trampa. En lugar de imponer agenda propia, acepta jugar con los trapos rojos que Moncloa agita frente a ellos. Debaten lo que el Gobierno quiere que debatan, opinan sobre lo que el Gobierno quiere que opinen, y critican justo lo que el Gobierno espera que critiquen. Es un espectáculo circular, una danza política donde el PSOE marca el ritmo y los demás simplemente siguen la música.


El resultado es demoledor: los ciudadanos quedan atrapados en discusiones superficiales mientras las decisiones verdaderamente importantes se negocian en despachos y juzgados. La gente habla de leyes de igualdad, de emisiones de CO₂, de geopolítica global… pero nadie habla de las causas judiciales que se acumulan y que podrían cambiar el panorama político español.


En definitiva, Moncloa no improvisa: construye su propio relato, diseña sus propias polémicas y consigue que todos los actores —medios, oposición y opinión pública— entren en su tablero de juego. Y mientras tanto, lo esencial queda oculto entre el humo. La pregunta que deberíamos hacernos es: ¿hasta cuándo vamos a permitir que la agenda política la marquen quienes quieren tapar sus propios problemas judiciales?


Miguel Ángel Arranz

bottom of page