Sánchez hunde al Partido Socialista: ya no es de los trabajadores, es de los que saquean España
- Miguel Ángel Arranz Molins
- 27 ago
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La noticia de que Vox gana fuerza entre obreros y parados y se acerca al umbral de Le Pen no es, en realidad, una sorpresa. Lo que sorprende es la resistencia de ciertos sectores mediáticos y políticos a aceptar la realidad: el voto ya no se mueve por clases sociales ni por extractos económicos, sino por desafección, por hartazgo y por la sensación de abandono.
Durante décadas, se nos ha repetido el mantra de que la izquierda era el refugio natural del trabajador, del parado, del vulnerable, del joven precario y de todos aquellos a quienes la sociedad no daba oportunidades. El Partido Socialista, en particular, se autoproclamó “partido del obrero” y “partido del pueblo”, enarbolando un relato que hoy se desmorona como un castillo de naipes.
Porque si una parte creciente de ese electorado, históricamente asociado a la izquierda, está votando a Vox, hay que hacerse una pregunta incómoda: ¿es porque Vox lo está haciendo extraordinariamente bien… o porque el Partido Socialista ha dejado de representarles?
La respuesta es evidente. El PSOE de Pedro Sánchez ya no es el partido de los trabajadores, ni de los desempleados, ni de los jóvenes, ni de los vulnerables. La realidad es otra: para muchos ciudadanos, el PSOE ha pasado a ser identificado como “el partido de las putas, el partido de la mafia y el partido de los que trincan”. Esa es la percepción que se ha instalado, y no por casualidad: los escándalos, las redes clientelares y la sensación de que las instituciones están secuestradas han destruido por completo la credibilidad que un día tuvo.
Mientras tanto, los ciudadanos que ven cómo sus facturas suben, sus salarios no alcanzan y sus hijos no encuentran oportunidades sienten que nadie en el Gobierno les escucha. Cuando la política tradicional ignora las necesidades reales de la gente, la gente busca alternativas.
Y no solo hablamos de obreros y parados. Los jóvenes menores de 20 años, una generación que debería haber encontrado en el Partido Socialista una voz que les representara, han dado la espalda a Sánchez. El PSOE ha abandonado la narrativa de la igualdad de oportunidades y se ha perdido en debates que poco tienen que ver con el día a día de quienes buscan su primer empleo, su primera vivienda o un futuro estable.
El castillo de naipes se ha caído. El mito de que la izquierda defiende automáticamente al trabajador, de que el Partido Socialista es “el partido de la gente”, se ha desmoronado. Hoy, más que nunca, el voto no entiende de etiquetas ideológicas ni de manuales de clase. El voto va hacia quien, de verdad, convence al ciudadano de que va a hacer algo por él.
El PSOE, en cambio, ha dejado de competir. Ahora es percibido como un partido desconectado, atrapado en sus propios intereses, más preocupado por blindar sus redes de poder que por mejorar la vida de los españoles. El resultado está a la vista: obreros, parados, jóvenes y clases humildes se alejan de un proyecto político que ya no les representa… y buscan nuevas opciones.
Y ya saben cómo acaba esto: siempre habrá alguno que empiece a llamar a los obreros, a los trabajadores y a la clase obrera “fachas”. El viejo “o conmigo o contra mí”.
Miguel Angel Arranz



