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Rosalía como bandera política: postureo y estrategia

  • Foto del escritor: Miguel Ángel Arranz Molins
    Miguel Ángel Arranz Molins
  • 16 nov
  • 2 Min. de lectura

Actualizado: 17 nov


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De repente, España ha amanecido con un fenómeno paranormal digno de Iker Jiménez: todos los políticos se han convertido en críticos musicales. No sé qué ha pasado, pero ahora parece que la clave para entender el país no está en los presupuestos, en la sanidad, en la vivienda o en el salario mínimo: está en opinar sobre Rosalía.


La escena es patética: diputados, ministros, asesores y hasta los que nunca han sabido juntar tres frases sin leer papeles ahora hablan con autoridad de armonías, conceptos, arte contemporáneo y experimentación sonora. Pero no se equivoquen: esto no va de cultura —va de moda, de cálculo y de oportunismo.


Porque justo cuando Rosalía lanza disco, qué casualidad, desde Moncloa alguien decide —probablemente en una sala con catering, aire acondicionado y 300 asesores cobrando como si fueran ingenieros aeroespaciales— que hablar bien de Rosalía está de moda. Que “queda moderno”. Que “conecta con los jóvenes”. Que “da buen rollo”.


Y claro, como pasa siempre en política, cuando uno marca tendencia, el resto corre. No opinan, imitan. No sienten, repiten.

Porque si no opinan, se quedan fuera de la foto.

Y quedarse fuera de la foto en política duele más que perder unas elecciones.


Ves al presidente comentando el álbum como si fuera un crítico especializado. Ves a ministros diciendo que es “cultura que representa a España”. Y ves a Rufián —el eterno showman político— intentando subirse al carro con esa pose de “a mí me entiende la calle”. Como si alguien, alguna vez, lo hubiera considerado portavoz cultural de nada.


Y mientras tanto, Rosalía —que no tiene culpa de este circo— se convierte en la nueva bandera del postureo institucional. Hoy es musa. Hoy la adoran. Hoy la necesitan.


Pero cuidado.


Porque si hay algo que la política española hace mejor que apoyar a alguien es hundirlo cuando deja de servir.

Y Rosalía debería recordarlo:

Los mismos que hoy la elevan como símbolo generacional serán los que mañana, si conviene, digan que está “sobrevalorada”, “agotada” o “poco ejemplar.”


Porque la política no abraza artistas:

los utiliza.


Hoy la moda es Rosalía.

Mañana será un futbolista.

Pasado, un tiktoker.

Y cuando ya no sirvas para sumar clics, votos o titulares, te desechan.


Esa es la verdad incómoda detrás de tanto discurso “cultural”.


Miguel Ángel Arranz

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