top of page

Si fuera en España, protestas. En Marruecos… silencio.

  • Foto del escritor: Miguel Ángel Arranz Molins
    Miguel Ángel Arranz Molins
  • 5 sept
  • 2 Min. de lectura


ree

En España tenemos memoria selectiva. Hace unos años, cuando se detectó que Excalibur, el perro de la enfermera contagiada por ébola, podía suponer un riesgo sanitario, este país ardió. Manifestaciones, concentraciones, campañas en redes sociales, famosos indignados, asociaciones animalistas movilizadas y titulares a todo color: “Asesinos”, “criminales”, “barbarie”. Hubo incluso colectivos dispuestos a montar auténticas “flotillas humanas” para salvar a un solo perro.



ree

Hoy, sin embargo, Marruecos envenena y mata a tiros a miles de perros callejeros para “limpiar” sus ciudades antes del Mundial de 2030. Y, sorprendentemente, aquí reina el silencio. No hay portadas, no hay manifestaciones masivas, no hay trending topics. Ni rastro de esas mismas asociaciones y colectivos que, en España, ponen el grito en el cielo ante cualquier actuación que involucre a un animal.


La noticia es demoledora: campañas sistemáticas de exterminio de perros callejeros, disparos en plena calle, veneno en parques y barrios enteros arrasados de animales. En Ben Ahmed, incluso un ciudadano resultó herido de bala durante una de estas operaciones. Todo esto sucede ante los ojos de las autoridades marroquíes y con un objetivo claro: “limpiar la imagen del país” de cara al gran escaparate internacional que supondrá el Mundial.


Y aquí es donde surge la gran pregunta:

¿Dónde están ahora esos colectivos que nos señalaron como bárbaros, asesinos y retrógrados cuando España tuvo que sacrificar un único perro por una cuestión sanitaria?


La respuesta es sencilla: callan. Callan porque es Marruecos. Callan porque no quieren enfrentarse a un país extranjero. Callan porque, en el fondo, su activismo selectivo depende más de la ideología que de la defensa real de los animales. Y esto no es defender a los animales: esto es postureo.


Seamos claros: lo que está ocurriendo en Marruecos es brutal e inaceptable. Hay alternativas, existen planes de control poblacional, campañas de esterilización, adopciones internacionales, cooperación con protectoras… Pero eso exige inversión, voluntad política y presión internacional. Ninguna de las tres cosas parece estar sobre la mesa. Y mientras tanto, miles de perros sufren una muerte lenta y cruel.


Lo que indigna no es solo la masacre en sí, sino la doble vara de medir. Si esto estuviera ocurriendo en España, estaríamos viendo portadas, protestas en las calles, boicots a instituciones, vídeos virales y hashtags incendiando Twitter. Pero como ocurre en otro país, miramos hacia otro lado.


La coherencia no debería tener fronteras. Si matar a un perro aquí es “un crimen” y “una salvajada”, también lo es cuando lo hace Marruecos. Si la empatía hacia los animales es real, no puede depender del color de la bandera. Y si de verdad nos importan las vidas de esos animales, es hora de exigir que las mismas voces que se desgañitan aquí levanten ahora la voz allí.


Porque la hipocresía mata. Y en Marruecos, ya lo está haciendo.


Miguel Ángel Arranz


bottom of page