¿Qué más tiene que ocurrir para acabar con las comunidades autónomas?
- Miguel Ángel Arranz Molins
- 24 ago
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Por enésima vez, la realidad nos da un golpe en la cara y demuestra que el Estado de las Autonomías es, sin lugar a dudas, uno de los mayores errores políticos y estructurales de nuestra historia reciente. Lo que se diseñó —según nos vendieron— como un sistema de “proximidad, eficiencia y cercanía con el ciudadano” se ha convertido, con el paso de los años, en un monstruo burocrático, ineficaz, caro y profundamente injusto para el conjunto de los españoles.
Los últimos episodios de emergencias graves —ya sean incendios, catástrofes naturales, inundaciones, epidemias o colapsos sanitarios— lo dejan absolutamente claro: el Gobierno central, para salvar vidas humanas o proteger el medio ambiente, tiene que pedir permiso. Sí, permiso. Permiso para entrar, permiso para actuar, permiso para coordinar recursos que ya son de todos, que pagamos entre todos, y que deberían ponerse en marcha de forma inmediata. Es vergonzoso. Es indignante que, ante una situación donde cada minuto cuenta, haya que esperar a que una consejería autonómica dé su visto bueno para que un helicóptero, un retén, un hospital o un equipo de rescate se pueda desplegar.
Mientras tanto, el Estado central, que debería tener la autoridad inmediata y plena para actuar en cualquier territorio, se ha convertido en un invitado en su propia casa. En lugar de mandar, pide permiso. En lugar de coordinar, negocia. Y todo para que los barones autonómicos puedan seguir presumiendo de autonomía mientras los ciudadanos sufren las consecuencias de su ineficacia.
España no puede seguir funcionando así. No podemos permitirnos un modelo que duplica estructuras, multiplica costes, divide esfuerzos y reduce la capacidad de reacción. Este sistema está pensado para alimentar intereses políticos, no para proteger a las personas. Y cada vez que ocurre una emergencia, se vuelve a demostrar: lo que importa no es la vida de los ciudadanos, sino el poder de las comunidades.
La pregunta es clara:
¿Qué más tiene que ocurrir para que pongamos fin a este disparate?
¿Cuántas vidas hay que poner en riesgo, cuántos recursos hay que malgastar, cuántos fracasos necesitamos presenciar para entender que el modelo autonómico ha fracasado?
España necesita unidad, coordinación y eficacia. No más chiringuitos. No más capas burocráticas. O recuperamos el mando único o seguiremos repitiendo, tragedia tras tragedia, que “no se pudo hacer más”… cuando lo que falta no son medios, sino voluntad política.
El Estado no puede ser un espectador en su propio país.
El Estado tiene que mandar. Y si para eso hay que acabar con este sistema fallido de comunidades autónomas, cuanto antes lo hagamos, mejor para todos.
Miguel Ángel Arranz



