top of page

Puigdemont amenaza, España cede: la democracia en manos de siete votos

  • Foto del escritor: Miguel Ángel Arranz Molins
    Miguel Ángel Arranz Molins
  • 24 ago
  • 2 Min. de lectura

ree

Las últimas declaraciones de Carles Puigdemont son, sencillamente, intolerables. El prófugo de la justicia, desde su confortable retiro europeo, ha advertido que “si no se cumple lo pactado, en octubre pueden pasar cosas”. Es decir, una nueva amenaza velada contra el Estado, contra la democracia y contra todos los españoles.


Pero vamos a decirlo claro: lo único que debería pasar en octubre es que Carles Puigdemont volviese a España esposado y acabase entre rejas. Nada más. Nada menos. Eso es lo que corresponde en cualquier democracia seria, donde nadie puede vivir impune de su responsabilidad, y menos alguien que encabezó un golpe contra el orden constitucional en 2017.


El problema es que Puigdemont actúa como un niño de dos años: o se le hace caso, o monta una rabieta monumental. Y el Gobierno, en lugar de imponer la ley y poner límites claros, cede constantemente. Cada vez que Puigdemont amenaza, se le da más poder, más privilegios, más concesiones… y así se perpetúa un chantaje que nunca termina.


La tragedia de todo esto es que no ocurre lo que debería ocurrir porque tenemos un presidente del Gobierno rehén de los chantajes de Puigdemont y Junts. Pedro Sánchez ha convertido la gobernabilidad de España en una moneda de cambio con tal de seguir en La Moncloa. Y Puigdemont lo sabe. Por eso amenaza. Por eso presiona. Porque, por primera vez en mucho tiempo, el independentismo catalán nunca ha vivido mejor que ahora.


La realidad es clara: ¿qué motivos tendría el separatismo para romper con Sánchez? Ninguno. Nunca han obtenido más privilegios, más cesiones y más impunidad que bajo este Gobierno. El discurso de que “en octubre puede cambiar el Gobierno” es simplemente humo para su electorado. Una farsa. Puigdemont necesita aparentar fuerza ante sus bases, pero sabe perfectamente que no va a dinamitar un escenario que le es más favorable que nunca.


Y mientras tanto, el Estado de derecho sigue debilitado. Los indultos, las rebajas de delitos, las amnistías encubiertas… todo en nombre de la “convivencia” y la “estabilidad institucional”, cuando la realidad es que estamos asistiendo al mayor mercadeo político de nuestra democracia. Todo por siete votos. Todo para mantener una presidencia que se sostiene sobre amenazas, concesiones y cesiones permanentes.


Por eso, si Puigdemont quiere algún cambio en octubre, el único cambio legítimo que debería contemplar es su entrega a la justicia española, sentarse en el banquillo y acabar entre rejas, que es donde debería estar desde hace años. La igualdad ante la ley no puede ser negociable. La democracia no puede ser un chantaje constante. Y España no puede seguir secuestrada por los intereses personales de un prófugo y las ambiciones de un presidente dispuesto a pagar cualquier precio por seguir en el poder.


En octubre no debería pasar “lo que Puigdemont quiera”.

En octubre debería pasar lo que dicta la justicia.


Miguel Ángel Arranz

bottom of page