Prohibir y obligar: la receta del socialismo en Sanidad
- Miguel Ángel Arranz Molins
- 29 sept
- 2 Min. de lectura

A lo importante. Esto es lo que más preocupa. El socialismo de nuestro país y la izquierda tienen un dogma que repiten como un eco inagotable: prohibir y obligar. Son sus dos únicas palabras, su manera de gobernar. No hay gestión, no hay soluciones, no hay reformas reales. Solo prohibir y obligar.
Mónica García, ministra de Sanidad, es el mejor ejemplo. Desde que aterrizó en el ministerio, su agenda ha sido clara: prohibir y obligar. Primero, prohibir las marcas de alcohol en determinados lugares. Eso sí, no en todos, solo donde les interesa, porque nunca prohibieron la venta del alcohol en sí. Después, prohibir fumar en las terrazas, pero de nuevo sin atreverse a prohibir la venta del tabaco. Medidas incoherentes, parciales, que no resuelven nada pero que suenan bien en los titulares.
Y ahora, el siguiente paso: obligar a los sanitarios. En plena crisis del sistema, con un déficit estructural de médicos y enfermeros, con listas de espera que se cuentan por meses, con hospitales saturados y la sanidad rural agonizando… ¿cuál es la prioridad del ministerio? No reforzar plantillas. No reducir tiempos de espera. No acercar especialistas a la España vaciada. No mejorar la atención primaria. Lo importante para este gobierno es obligar a los sanitarios a atender en lenguas cooficiales, siempre que el paciente lo exija.
Ese es su concepto de Sanidad. Ese es su modelo. Un sistema que no cura ni atiende, pero que eso sí, se pliega a la obsesión identitaria de las lenguas. Como si el problema fuera el idioma y no la falta de médicos, de recursos y de eficacia.
Somos un país de bandereta, atrapado en las ocurrencias de un gobierno que vive del gesto y del titular, mientras la realidad se pudre debajo. Prohibir y obligar, prohibir y obligar. Esa es la política sanitaria del socialismo español. Y con este camino, no vamos a la modernidad, vamos directos al abismo.
Miguel Ángel Arranz



