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Pero nadie se va

  • Foto del escritor: Miguel Ángel Arranz Molins
    Miguel Ángel Arranz Molins
  • 16 nov
  • 2 Min. de lectura

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Madrid, según los llorones profesionales, es poco menos que Chernóbil con terrazas, Corea del Norte con tapas y Venezuela pero con Zara al lado. Cada semana repiten lo mismo: “Esto es insoportable, esto es una dictadura, esto es ultracapitalismo opresor”. Pero ahí siguen. Con su latte de avena a 4,20€, tocando el violín emocional en redes y haciendo check-in en Malasaña como si fuera La Meca del martirio progresista.


Porque claro:

Madrid es horrible. Madrid es inhumana. Madrid es una pesadilla neoliberal. Pero nadie se va. Ni uno.


Ni el que grita contra Ayuso en Twitter, ni el que presume de amor por Galicia mientras paga 950€ por una habitación interior con vistas a una tubería, ni el que dice que Madrid “es una distopía neoliberal”. No, todos se quedan. Todos sufren. Heroicamente. Como mártires del alquiler.


Dicen que Madrid tiene:


  • Transporte tercermundista: pero ni uno quiere volver a los horarios del autobús rural: uno a las 7:15, otro a las 12:40 y si no te gusta, taxi o tractor.

  • Sanidad catastrófica: pero ni uno cambia su tarjeta sanitaria por la de Cáceres.

  • Vivienda carísima: pero tampoco se mudan a Lugo, donde las casas valen menos que un iPhone.


Dicen que aquí no hay libertad, pero curiosamente, solo aquí puedes encontrarte a un antifascista vestido de Prada, comiendo sushi, hablando de revolución mientras vive en un piso turístico ilegal en Lavapiés.


Dicen que la ciudad está llena de delincuencia pero se enfadan si hay más policía, porque claro, la seguridad está bien… pero solo para Instagram.


Dicen que Madrid es insoportable, pero las empresas vienen aquí, los jóvenes vienen aquí, los turistas vienen aquí y muchos de los que se quejan llevan años viviendo mejor aquí que en cualquier otro sitio de España.


Y ahora la pregunta molesta, la que ninguno quiere responder:


Si Madrid es tan terrible… ¿por qué no os vais?


Si es el infierno neoliberal, el centro del fascismo, la fábrica del capitalismo salvaje… ¿por qué demonios os quedáis atrapados entre cañas, terrazas, metro cada tres minutos, empleo, movimiento, oportunidades y una vida que, seamos serios, en otros sitios no existe?


Madrid no es perfecta. Es caótica, rápida, irónica, excesiva. Pero Madrid no pide que la quieran. Solo pide una cosa:


Que quien la critique tenga el valor de irse.


Spoiler:

No se va nadie.


Porque en el fondo, aunque duela reconocerlo:


Madrid es libertad. Y la libertad, amigo, pica. Pero engancha.


Miguel Ángel Arranz

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