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Pedro no se acordará de ti

  • Foto del escritor: Miguel Ángel Arranz Molins
    Miguel Ángel Arranz Molins
  • hace 5 días
  • 2 Min. de lectura

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Tranquilos, que no cunda el pánico. No ha pasado nada grave en España. Solo hemos vivido otro episodio de ese reality político que ya ni sorprende. El fiscal general del Estado, ese señor Ortiz que hasta hace dos cafés era presentado como “ejemplo de independencia”, ha sido inhabilitado. Sí, sí: inhabilitado. No “voluntariamente retirado”, no “descansando”, no “haciendo un Erasmus democrático”. No. Echado. Fuera. Eliminado del tablero.


Pero claro, en este país nunca pasa nada “normal”. Aquí ni dimitir se puede como Dios manda. Ahora resulta que nos quieren vender que él ha pedido el cese. Que ha sido un acto de dignidad institucional. Que ha sido casi heroico. Vamos, la escena típica: Pedro Sánchez mirando al horizonte, cámara lenta, música épica, y Ortiz entregando una carta con lágrimas patrióticas en los ojos. Faltaron los violines.


Pero la realidad es otra: a Ortiz lo han apartado. Lo han condenado. Lo han inhabilitado. Le han dicho: “Gracias por los servicios prestados… ahora desaparece.” Y él, disciplinado, todavía intenta quedar bien y fingir que controla algo del proceso. Pobrecillo. A estas alturas parece más un exministro soviético que un fiscal general.


Porque, seamos claros: al único al que Ortiz ha servido no ha sido a la Constitución, ni al Estado, ni al interés público. No. Solo ha servido a Pedro Sánchez. Y como pasa siempre con Pedro Sánchez, cuando ya no le sirves, cuando ya no eres útil para el relato, pasas a la misma lista donde están todos los que fueron leales antes que tú:


Los ministros sustituidos sin despedida Los socios tirados a la cuneta Los colaboradores convertidos en exiliados mediáticos Y ahora, el fiscal Ortiz


Durante dos o tres días todavía le harán palmaditas en la espalda. Columnitas emotivas. Titulares templados. Un tuit de “reconocimiento al servicio público”.


Pero luego llegará la parte real: el olvido. Y después, si abre la boca… la trituradora.


Esa es la mecánica. Ese es el menú. No hay postre.


Así que si alguien todavía cree que Sánchez, sus ministros o la caverna mediática de izquierda van a reconocerle algo cuando pase este tema… que se vaya desengañando. Como diría un clásico: “No hay nada más antiguo que el soldado que ya no sirve.”


En resumen: Ortiz no dimite, Ortiz no se va voluntariamente, Ortiz no abandona su cargo por convicción democrática. Ortiz ha sido echado. Punto.


Y si no lo quiere entender, que espere unas semanas: ya lo entenderá mientras oye el eco de su nombre perdiéndose en el mismo sótano donde guardan a todos los exfieles.


Miguel Ángel Arranz

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