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No hay nadie enfrente: la oposición duerme mientras Sánchez engrasa su maquinaria

  • Foto del escritor: Miguel Ángel Arranz Molins
    Miguel Ángel Arranz Molins
  • 11 jun
  • 2 Min. de lectura

Actualizado: 12 jun


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Pedro Sánchez gobierna entre escándalos, mentiras y abuso institucional. Su fiscal general está imputado, su hermano bajo investigación, su asesora presiona a investigadores, y él mismo lleva 15 meses sin rendir cuentas ante el Senado. Pero a pesar de todo eso… no hay nadie enfrente.


Feijóo ha convertido la oposición en un eterno rodeo. No quiere elecciones anticipadas. No porque no sepa que España necesita un cambio, sino porque su prioridad no es España: es asegurarse dos años más para purgar el partido, colocar a los suyos y armar su estructura de poder interna. Ya no busca el mejor equipo para gobernar, sino el más leal para obedecerle.

Vox no se queda atrás. La formación que prometía ser un revulsivo ha entrado en modo bunker: piensa más en foros internacionales que en ganar terreno en España.


Su presidente se proyecta como líder global de la “resistencia”, pero en casa la estructura cruje, el mensaje se vuelve repetitivo y el partido se prepara más para depurar disidentes que para gobernar.

¿La verdad? A ninguno le interesan elecciones ahora.Les rompería todos los planes. Sería un desastre para ellos verse obligados a improvisar listas, discursos y equipos, sin tener aún los resortes internos bajo control. Porque lo que están haciendo no es construir alternativa: es asegurarse el control del aparato.


Esta es la paradoja: mientras Pedro Sánchez perfecciona su maquinaria propagandística, afina su control institucional y refuerza su blindaje judicial, la oposición utiliza los dos próximos años no para plantar cara, sino para recolocarse. Para asegurarse que, si un día gobiernan, lo hagan rodeados de fieles, no de competentes.


Lo peor que podría pasarles es que Sánchez convocase elecciones anticipadas. Les pillaría en pleno proceso de “purga y colocación”, sin discurso fuerte, sin estructura renovada, sin liderazgo firme. Porque ahora todo gira en torno a tomar posiciones, no a construir un proyecto para España.


Y mientras tanto, el país espera. Aguanta. Observa. Y sufre. Porque Pedro Sánchez no va a cambiar. Solo va a perfeccionarse. Y si la oposición sigue jugando a esperar, lo único que logrará es que Sánchez les vuelva a ganar —no por convicción—, sino por incomparecencia.


Miguel Ángel Arranz

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