Ni calle ni coraje: la derecha acomplejada que deja España en manos de la propaganda progresista
- Miguel Ángel Arranz Molins
- 5 ago
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En España vivimos un fenómeno que se repite con una precisión casi humillante: la derecha y el centro-derecha son incapaces de movilizarse mientras la izquierda avanza y domina el espacio público. Cada vez que el país se enfrenta a abusos, corrupción o deriva ideológica, el votante de derechas observa una pasividad desesperante por parte de sus líderes, que parecen más preocupados por no molestar que por defender a sus electores.
El problema de fondo es el complejo histórico de la derecha ante la supuesta “superioridad moral” de la izquierda. Basta que desde el otro lado alguien les grite “eres un fascista” o “eres un facha” para que agachen la cabeza, pidan perdón por existir y vuelvan corriendo a su rincón de confort parlamentario. Mientras tanto, la izquierda convierte cada insulto en una herramienta de control social y sigue ocupando las calles, las redes sociales y los medios de comunicación sin apenas resistencia.
A esta sumisión se suma un hecho demoledor: los votantes de centro-derecha y derecha no encuentran un verdadero referente moral en sus dirigentes. Carecen de líderes que les generen un relato que puedan defender en su entorno, en sus familias o en sus trabajos. Mientras tanto, la izquierda acuña términos a diario, impone etiquetas y dicta el relato en los medios de comunicación, logrando que su versión de la realidad se replique de manera automática y natural en conversaciones cotidianas. Esa es la diferencia entre tener iniciativa cultural y política o ser un actor secundario en la historia de tu propio país.
Esta derecha acomplejada se ha convertido en una oposición simbólica y estéril. Prefiere esperar que los escándalos y los errores del Gobierno se hundan por su propio peso en lugar de plantar cara. El resultado es que la narrativa pública siempre la marca la izquierda, que se vende como la fuerza de la justicia y la moral, mientras aplica políticas que destruyen el tejido social, la economía y la libertad individual.
Hasta que la derecha no pierda el miedo a los insultos y rompa sus complejos, seguirá siendo irrelevante en la calle y limitada en las urnas. La política actual no se gana solo con votos; se gana con presencia, con relato y con movilización. Si no lo entienden pronto, España seguirá secuestrada por minorías ideologizadas que saben gritar más fuerte que quienes deberían defender a la mayoría silenciosa
Miguel Angel Arranz



