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Multado por trabajar: el nuevo deporte nacional

  • Foto del escritor: Miguel Ángel Arranz Molins
    Miguel Ángel Arranz Molins
  • 13 oct
  • 2 Min. de lectura

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Debe de ser maravilloso vivir en un país donde el absurdo se ha convertido en norma, donde la burocracia es la nueva religión y la lógica una especie en extinción. Sí, estamos en España, esa distopía en la que un empresario puede ser multado por el delito de… trabajar en su propio negocio.


Resulta que ahora, si tus empleados se declaran en huelga y tú, como dueño, te arremangas para intentar salvar lo que es tuyo, estás cometiendo una infracción gravísima. La Inspección de Trabajo ha decidido que ese gesto de supervivencia, ese intento desesperado por mantener el negocio a flote, “desvirtúa la huelga”. O sea, que el problema no es que los trabajadores no trabajen, sino que el empresario trabaje demasiado.


Bienvenidos a la España donde el sentido común ha muerto atropellado por el reglamento. Un país donde los que crean empleo son tratados como delincuentes, y los que viven del cuento son condecorados con subvenciones. Un país donde el Estado no protege al que produce, sino que lo castiga por hacerlo.


Y luego nos preguntamos —con cara de sorpresa e indignación institucional— por qué nadie quiere emprender. Pues quizá porque ser empresario en España es hoy una profesión de alto riesgo, solo apta para valientes o inconscientes.


Esta es la España que nos está quedando: un lugar donde trabajar es sospechoso, prosperar es una provocación y tener iniciativa es un acto casi subversivo. Una nación que ha hecho de la mediocridad su sistema y del sinsentido su ideología.


Pero tranquilos, que siempre nos quedará el consuelo de saber que la “justicia social” sigue su curso. Aunque el curso, claro, sea cuesta abajo y sin frenos.


Miguel Ángel Arranz

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