Mendigando excusas
- Miguel Ángel Arranz Molins
- 22 oct
- 2 Min. de lectura

Otra vez lo mismo. En este país ya no se puede ni intentar ordenar la convivencia sin que alguien salga a rasgarse las vestiduras. Ahora resulta que prohibir la mendicidad es “criminalizar la pobreza”. No, señores, no es eso. Es simplemente poner un límite. Es marcar una línea de respeto y dignidad para todos. Porque una ciudad no puede convertirse en un campo de indigencia pública, ni los vecinos tienen por qué convivir con escenas que, más que mover a compasión, reflejan la absoluta dejadez institucional.
El Ayuntamiento de Alcobendas no está criminalizando a nadie. Está diciendo algo tan básico como que las calles son de todos y que el abandono no puede normalizarse. Si Más Madrid no quiere ver mendigos en la calle, que se ponga a trabajar y cree estructuras reales de ayuda, no pancartas ni discursos de salón. Que construyan recursos sociales, albergues y programas que funcionen. Pero claro, eso no da titulares. Lo que da titulares es el postureo barato de la izquierda caviar con el pañuelo palestino al cuello y el discurso moral de siempre.
Y encima, la crítica llega de un Más Madrid cada vez más irreconocible: un partido reconvertido en un club de opinadores de tertulia, incapaz de gestionar ni un paso de peatones, pero siempre dispuesto a dar lecciones al resto. Un Más Madrid que vive del discurso fácil, de la lágrima impostada y de la bandera ajena. Lo de Alcobendas no lo entienden porque hace años que dejaron de pisar la calle de verdad.
Si en lugar de perder el tiempo en causas internacionales, se centraran en las esquinas de Alcobendas, igual sabrían lo que es la verdadera pobreza. Y la gestionarían, no la utilizarían. Porque no se trata de prohibir por prohibir, se trata de que haya orden, de que haya dignidad, de que haya gestión. Pero claro, eso exige trabajar, y eso ya no vende tanto.
Lo de hoy no es sensibilidad social, es hipocresía ideológica. Y lo peor es que la venden como solidaridad. No, esto no es “criminalizar la pobreza”. Esto es intentar civilizar el espacio público. Y a algunos, por lo visto, les resulta intolerable cualquier cosa que suene a orden.
Miguel Ángel Arranz



