María Chivite, la Pedro Sánchez de Navarra.
- Miguel Ángel Arranz Molins
- 21 jun
- 2 Min. de lectura

No puede ser que María Chivite, presidenta de Navarra y familiar directa de implicados, afirme hoy que “no sabía nada” mientras su entorno más cercano se quedaba con el dinero de las obras públicas que ella misma adjudicó con su firma. No puede ser.
El escándalo en Navarra
El “caso Cerdán” revela que Santos Cerdán, hombre de total confianza de Chivite –y pieza clave en la red que alcanzó a través de Koldo García y Ábalos– controlaba el 45 % de Servinabar 2000 SL, adjudicataria de múltiples contratos millonarios en Navarra, entre ellos los túneles de Belate (76 M€) y el Navarra Arena .
La UCO ha detectado adjudicaciones irregulares y posibles mordidas desde 2013, con aumentos patrimoniales sospechosos de Cerdán y sus vinculados .
El número dos del PSN, Ramón Alzórriz, ha dimitido tras revelarse que su pareja trabajaba en Servinabar, pero mantiene el escaño. Chivite solo ha pedido “caída de confianza”, sin asumir responsabilidad política directa .
¿Estrategia Pedro Sánchez?
Chivite sigue la estrategia de su mentor: declarar que “no hay informes contra mí”, desviar la atención, personarse como acusación particular y victimizarse por ser atacada políticamente .
Este modus operandi recuerda al del presidente Sánchez, ‘asediado’ pero firme en su sede, desapareciendo de la escena pública mientras su círculo salpicado resiste bajo su paraguas .
Una estrategia que incomoda
Mientras la derecha (UPN, PP, VOX) exige su dimisión y una comisión de investigación inmediata, Chivite insiste en que “no hay motivo legal para dimitir” y aplaza cualquier comisión parlamentaria hasta septiembre .
No valen lagrimitas
Las lágrimas de que “qué pena lo ocurrido” no excusan la negligencia política.
No basta con que el número dos dimita y se le retire una cosa simbólica llamada “confianza”. Si una presidenta no sabía nada de su círculo más cercano, o lo sabía y lo consentía, eso es gravísimo.
No es aceptable que se parapete en auditorías, denuncias y comisiones mientras mantiene intacto su poder.
Navarra merece más
Esto es más que un escándalo a medias. Es una crisis institucional. Y por desgracia, no es la primera vez: Navarra ya sufrió la trama Urralburu en los 90, con redes similares que involucraron a presidentes socialistas regionales, ya condenados por cohecho .
La comparación con Pedro Sánchez no es gratuita; en ambos casos, el líder mira hacia otro lado, retrasa y diluye responsabilidades, mantiene estructuras intactas mientras sus entornos políticos se desmoronan.
María Chivite debe dejar de adoptar el guion Sánchez, de actuar como víctima y de esconderse tras auditorías genéricas. Navarra necesita explicaciones reales, claridades contundentes y, si corresponde, una dimisión. Frente a esta enésima crisis de corrupción, que pesada historia que se repite: la misma cara, la misma táctica, la misma desfachatez regional. Navarra no se merece esta pantomima: ponga cartas sobre la mesa o dé un paso al costado.
Miguel Ángel Arranz



