Los superpoderes de Ayuso
- Miguel Ángel Arranz Molins
- 22 nov
- 2 Min. de lectura

Qué poder tan raro debe tener Isabel Díaz Ayuso para que, según el relato oficial de la izquierda y sus tertulianos, haya sido capaz de convencer ella sola a tres de cinco magistrados. Tres.
Ni casualidad, ni pruebas, ni juicio. No. Para ellos es mucho más sencillo: Ayuso les hipnotiza.
Y claro, la historia queda perfecta:
si el Fiscal General del Estado ha sido condenado, no será porque haya indicios, mensajes, decisiones o hechos. Será porque Ayuso ha movido hilos desde su misterioso despacho madrileño.
Vamos, que si este “poder” existiera deberían mandarla a negociar la guerra en Gaza, la inflación o el precio del aceite. Total, si convence magistrados, puede con todo.
La lógica es siempre la misma: si la justicia falla a favor de la izquierda: independencia ejemplar.
Si la justicia no falla a su favor: complot, mafia judicial, persecución y Ayuso controlándolo todo desde una cueva secreta en la Puerta del Sol.
Luego está el clásico de los clásicos: los miles de muertos de la pandemia. Años repitiendo que ella es la responsable directa, única, personal y exclusiva. Titulares, acusaciones, manifestaciones, documentales, eslóganes. ¿Resultado? Cero condenas. Cero procedimientos firmes. Nada. Pero la frase sigue porque políticamente les sirve.
Lo mismo con el supuesto ático, la supuesta corrupción, la supuesta trama. Todo supuesto. Todo ruido. Nada concreto.
Y aun así el guion sigue: Ayuso siempre culpable aunque nadie la condene. Y si condenan a otro, también es por culpa de Ayuso. Ese es el nivel intelectual del análisis de muchos “expertos” televisivos.
Al final todo se resume en una cosa muy simple:
Hay gente que no acepta que Ayuso tiene apoyo porque la gente la vota.
Hay gente que no acepta que la justicia pueda actuar sin pedir permiso a una tertulia.
Hay gente que no acepta que el relato ya no lo controlan ellos.
Así que inventan una explicación cómoda: Ayuso tiene un superpoder. No. Lo que hay es otra cosa:
Una parte del país harta de sermones moralistas, doble rasero y victimismo permanente. Eso es lo que les escuece.
No Ayuso. Lo que representa. Que el monopolio del relato se ha roto. Y eso, para algunos, duele más que cualquier sentencia.
Miguel Ángel Arranz



