Feijóo y la gran coalición del trinque: cambia el nombre, pero no el saqueo
- Miguel Ángel Arranz Molins
- 6 jul
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Alberto Núñez Feijóo ha dejado claro en el Congreso del PP lo que muchos intuíamos: su objetivo no es romper con el sistema, sino adaptarse a él. Ha sellado su discurso con la palabra mágica de todos los aspirantes a tocar poder: transversalidad. Ese comodín de los que necesitan parecer moderados para contentar a Bruselas, al Ibex, a los medios y a los barones de moqueta que no pisan la calle pero dictan estrategia desde sus despachos.
Pero esa “transversalidad” no es más que el anuncio implícito de que pactará con quien haga falta, siempre que le den los números. Con Junts, con ERC, con el PNV… incluso con el mismísimo PSOE. Por supuesto, con el disfraz de “pacto de Estado”, de “consenso constitucional” o, como les gusta llamarlo ahora, de “gran coalición a la alemana”. Y mientras tanto, venderán al votante del PP que “con el sanchismo no”, aunque a puerta cerrada ya estén preparando la narrativa para diferenciar entre un PSOE tóxico y un PSOE regenerado, una especie de socialismo tuneado con el que sí se puede pactar sin mancharse demasiado.
Eso sí, todo menos con Vox. No por principios, sino por intereses. Vox representa una amenaza directa: le disputa al PP su espacio electoral, le señala sus contradicciones, y sobre todo, le estorba en los apaños de toda la vida. Lo mismo ocurre con Se Acabó la Fiesta, una formación nueva, incómoda, disruptiva, que no se debe a los pactos de despacho ni a los equilibrios del sistema. Ni con Vox ni con S.A.L.F. habrá acuerdo, no porque sean extremos, sino porque se acabaron los sobres, los favores, las puertas giratorias. Pactar con ellos sería cerrar el grifo. Y eso, para el PP, es impensable.
Así que nos venderán una gran coalición como solución patriótica. Europa lo aplaudirá, los medios hablarán de altura de miras, y los de siempre seguirán repartiéndose el pastel. Todo sea por la gobernabilidad, nos dirán. Pero la realidad es otra: un nuevo pacto de élites para que todo siga igual. Para que los mismos manden, los mismos cobren y los mismos roben.
Cambia el perro, sí. Pero el collar —el del trinque, la corrupción y la impunidad— sigue bien sujeto al cuello del poder.
España no necesita una gran coalición. Necesita una gran limpieza
Miguel Ángel Arranz



