La España moderna
- Miguel Ángel Arranz Molins
- 27 oct
- 2 Min. de lectura

Nos venden la idea de una España moderna, pero lo que tenemos delante es una España domesticada, vigilada y anestesiada. Una España donde se confunde el progreso con la sumisión, la modernidad con la hipocresía y la libertad con la obediencia al discurso oficial.
La España moderna es esa en la que abortar es más fácil que conseguir un ibuprofeno sin receta.Donde el Gobierno presume de feminismo mientras libera violadores con una ley chapucera. Donde se castiga al empresario que crea empleo, pero se subvenciona al que vive del presupuesto público.
La España moderna es esa donde el ciudadano medio no puede sacar más de 900 euros del banco, pero el político puede firmar contratos de millones sin fiscalización real. Donde a ti te multan si tu coche contamina, pero los Falcon del Gobierno surcan los cielos sin límite ni vergüenza.
Esa España moderna donde un ministro habla de “modernizar la economía” mientras el país encabeza el paro juvenil de Europa. Donde la cesta de la compra se dispara, pero se sigue financiando propaganda ideológica. Donde las familias no llegan a fin de mes, pero los asesores ministeriales se multiplican como conejos.
La España moderna es esa donde un ministro habla de “reformar la justicia” para asegurarse impunidad cuando pierda el poder. Donde no se juzga a los corruptos si son del partido correcto, donde se llama “progreso” al control de los jueces, “diálogo” a la rendición y “reconciliación” a la amnistía.
Dicen que es moderna porque reparte subsidios, cambia nombres de calles y legisla por emociones. Pero la España moderna real es la que expulsa a sus jóvenes, la que vive de la deuda, la que calla ante el abuso y aplaude al poder.
Si esta es la España moderna —la del pan y circo digital, la de las pantallas encendidas y los bolsillos vacíos—, entonces no es modernidad, es decadencia maquillada.
Y si ese es el modelo que quieren imponer, que se queden con su “España moderna”: algunos seguimos prefiriendo una España libre, justa y con dignidad, aunque la llamen antigua.
Miguel Ángel Arranz



