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La dimisión de Noelia Nuñez y los complejos eternos del Partido Popular

  • Foto del escritor: Miguel Ángel Arranz Molins
    Miguel Ángel Arranz Molins
  • 24 jul
  • 2 Min. de lectura

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La reciente dimisión de la senadora del Partido Popular, Noelia Nuñez, vuelve a dejar al descubierto un mal endémico de la derecha española: sus complejos. El PP sigue creyendo que, con gestos de “pureza” y una transparencia impostada, logrará que el PSOE de Pedro Sánchez actúe con la misma vara de medir. Es una ilusión tan ingenua como inútil.


Porque, seamos claros: ¿alguien ha visto dimitir a un solo diputado socialista por mentir o por adornar su currículum? ¿Ha asumido responsabilidades algún alto cargo del PSOE por las innumerables contradicciones, falsedades y medias verdades que, día tras día, inundan la escena política? La respuesta es sencilla: no. Y no ocurrirá.


El PP, una vez más, se llena de balón, convencido de que su “sacrificio” dará garantías de transparencia a los españoles. Y es mentira. La experiencia demuestra que, en nuestro país, la limpieza y la autocrítica no son premiadas políticamente. Al contrario: se interpretan como debilidad frente al adversario. La izquierda, curtida en la batalla ideológica y mediática, jamás entrega piezas a sus rivales; mientras tanto, el PP sigue ofreciéndose como ejemplo de rectitud, creyendo que así ganará credibilidad.


Pero la realidad es otra: en España, esa transparencia no da réditos. No neutraliza ataques mediáticos, no convence al electorado indeciso y, desde luego, no frena a un PSOE que ni dimite, ni se inmuta. Si esta maniobra del Partido Popular pretendía ser una lección de moralidad para el país, está condenada al fracaso. Porque en política, y más aún en la España actual, la ingenuidad no se premia.


El PP vuelve a dispararse en el pie, mientras Pedro Sánchez y los suyos toman nota… para seguir sin mover un dedo.


Miguel Ángel Arranz



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