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Jubilación "reversible":no hay dinero y tienes que pagar a los que jamás han trabajado

  • Foto del escritor: Miguel Ángel Arranz Molins
    Miguel Ángel Arranz Molins
  • 11 jul
  • 2 Min. de lectura

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Llegar a los 70 años y tener que volver al tajo. No por gusto, no por vocación, ni mucho menos por necesidad personal. No. Volver a trabajar para sostener un sistema que ha premiado durante décadas al que no ha aportado nada. Bienvenidos al esperpento de la jubilación reversible, una idea tan cínica como insultante que está ganando terreno en ciertos sectores políticos y económicos que, cómo no, jamás han doblado la espalda ni madrugado para sacar adelante a sus familias.


Te lo venderán como recuperar talento pero la narrativa es simple: como no hay dinero para pagar las pensiones, algunos “expertos” y partidos nos venden la idea de que los jubilados deberían reincorporarse al mercado laboral. Eso sí, disfrazan el disparate con palabras bonitas como “envejecimiento activo” o “solidaridad intergeneracional”. Pero la realidad es otra: quieren que vuelvas a trabajar a los 70 para mantener un sistema reventado por décadas de despilfarro, corrupción y subvención al parasitismo crónico.


Y mientras tanto, ¿quién cobra sin haber cotizado? ¿Quién recibe ayudas eternas sin haber dado un palo al agua? ¿Quién vive instalado en el “derecho” a recibir sin aportar? Exacto: los mismos de siempre. Los que convierten la dependencia en modo de vida, los que no conocen la palabra esfuerzo, los que jamás llenaron una nómina con sudor ni pagaron el IVA de una factura. Y son esos precisamente los que ahora exigen que vuelvas a trabajar tú, el que sí cumpliste, para pagarles su subsidio vitalicio.


Esto no es justicia social. Esto es saqueo intergeneracional. Es una traición institucionalizada al trabajador. Es un Estado que premia al inactivo y castiga al que ha cumplido toda su vida con sus obligaciones. Y no, no se trata de atacar al que ha caído en desgracia o necesita ayuda temporal. Se trata de denunciar un modelo que cronifica la subvención como forma de control y voto cautivo.


La jubilación reversible es la confirmación de que el sistema está roto, y que, en lugar de arreglarlo, lo apuntalan sobre las espaldas de los mismos de siempre. Los que madrugaron, los que pagaron impuestos, los que renunciaron a lujos para llegar a fin de mes. Y ahora, cuando deberían descansar, les dicen que vuelvan al campo de batalla.


No es solidaridad. Es abuso. No es envejecimiento activo. Es esclavitud disfrazada de política pública.


Miguel Ángel Arranz

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