Iba de ser guapo
- Miguel Ángel Arranz Molins
- 1 nov
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Lo de ayer fue un auténtico esperpento. Una demostración más de que el Partido Socialista ha perdido completamente el norte. La política, para ellos, ya no es cuestión de ideas, de gestión, ni de principios: es cuestión de estética.
Toda la progresía del PSOE, desde la portavoz hasta el último palmero digital, salió en tromba a comentar lo realmente importante del día: que Pedro Sánchez estaba muy guapo con sus gafas y que Feijóo, sin ellas, parecía un gilipollas. Literal. Ese fue el nivel del debate político en la España de hoy.
Y lo peor no es el comentario en sí —porque eso, en una barra de bar, con una caña y unas bravas, podría pasar como chascarrillo entre amigos—, lo peor es que quienes lo dicen son los que se llenan la boca hablando de respeto, igualdad y feminismo. Los mismos que señalan como “machista” a cualquier hombre que diga que una mujer es guapa o fea, ahora se permiten reírse de la cara de un adversario político. Eso sí, con superioridad moral y hashtag progre.
Es el colmo de la hipocresía. Si mañana alguien del PP o de Vox dijera algo tan superficial sobre una política socialista, habría portadas, tertulias y manifestaciones. Pero si lo dice una ministra, una portavoz o un “periodista amigo” de Ferraz, entonces se aplaude, se ríe y se viraliza.
El PSOE ya no discute ideas: vende fotogenia, postureo y culto a la imagen del líder. No hay gestión, no hay coherencia, no hay principios. Solo hay un narcisismo colectivo que gira en torno a un presidente obsesionado con su reflejo en el espejo.
España no necesita un “guapo con gafas”. Necesita un gobernante con principios, con dignidad y con algo de vergüenza. Y eso, precisamente, es lo que más escasea hoy en el Partido Socialista.
Miguel Ángel Arranz



