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Hoy seamos todos Vito, por nuestro mañana

  • Foto del escritor: Miguel Ángel Arranz Molins
    Miguel Ángel Arranz Molins
  • 8 jul
  • 2 Min. de lectura

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La posible expulsión de Vito Quiles del Congreso no es un simple ajuste reglamentario, es un síntoma. Un síntoma de lo incómodo que resulta para el poder tener cerca a quien no le ríe las gracias. Quiles con mayor o menor acierto, es como la mosca cojonera de la banda presuntamente corrupta que lidera Pedro Sánchez. Esa incomodidad que provoca no se combate con argumentos, sino con la porra institucional: limitarle la entrada, arrebatarle la acreditación, expulsarlo del hemiciclo. Infantil y desproporcionado.


Y es que, con el tiempo, muchos de los que hoy aplauden esa decisión se darán cuenta del ridículo democrático en el que han caído. No se trata de defender a Quiles como figura mediática, sino de asumir que usar el poder institucional para silenciar a un periodista incómodo —por muy incómodo que sea— es, sencillamente, propio de regímenes donde la libertad de expresión se entiende como privilegio y no como derecho. Hoy es él. Mañana, cualquiera que moleste a quien manda.


Escribo estas líneas porque muchos me lo habéis pedido, y porque creo que lo que está ocurriendo trasciende a un nombre. No me molesta el trabajo de Vito Quiles, no me escandaliza su estilo ni sus formas. Me escandaliza más la hipocresía de quienes claman por la pluralidad cuando están en la oposición, y se convierten en censores cuando gobiernan. Me indigna más el uso del Congreso como fortaleza opaca donde sólo se admite al que aplaude. El resto, puerta.


La política española ha entrado en una deriva peligrosa donde se confunde autoridad con autoritarismo. Con el tiempo, cuando pase el ruido, muchos se darán cuenta de lo patética que fue esta cruzada contra un periodista que simplemente preguntaba, grababa y señalaba contradicciones. La historia reciente nos enseña que los regímenes que castigan a quienes preguntan son los que más tienen que ocultar. Y aquí, al parecer, hay mucho. Demasiado.


Ánimo Vito


Miguel Ángel Arranz

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