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García-Page: el político corcho que siempre amaga pero nunca va

  • Foto del escritor: Miguel Ángel Arranz Molins
    Miguel Ángel Arranz Molins
  • 11 jun
  • 2 Min. de lectura

Actualizado: 12 jun


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Emiliano García-Page es el eterno amago. El político que va sin ir, que está sin estar, que se queja sin romper, que critica sin desmarcarse. Es el arte de la ambigüedad convertido en estrategia. El “sí pero no” como religión. El “yo soy diferente” mientras vota lo mismo. El barón que nunca barre, pero siempre opina.


Desde hace años, García-Page se presenta como la “voz crítica” dentro del PSOE. Habla de los excesos del sanchismo, susurra al oído de los descontentos, juega a ser la conciencia del partido… pero nunca hace nada. Ni una ruptura. Ni una abstención. Ni una renuncia. Solo titulares. Solo amagos. Solo teatro.


Ha perfeccionado la táctica de la disidencia sin consecuencias. Mientras Pedro Sánchez pacta amnistías, manipula instituciones y silencia al Senado, Page tuitea una frase crítica y luego vota obediente. Habla como oposición, actúa como peón. Su política es un simulacro de rebelión permanente que nunca culmina.


Lo suyo no es valentía, es cálculo. El cálculo del político corcho. Ese que flota en todas las corrientes, que nunca se hunde porque jamás se moja. Ni se alinea del todo con Moncloa, ni rompe nunca con ella. Ni defiende con convicción a España, ni deja de estar en la estructura que la erosiona. Ni salta, ni se va. Solo se mantiene... en su sillón.


Es el perfil perfecto para el sanchismo: alguien que entretiene a los críticos del PSOE sin ser amenaza real. Un actor secundario con frases medidas, críticas inofensivas y gestos vacíos. Un tranquilizante para votantes cabreados que piensan que aún queda algo de sensatez en el partido... hasta que se dan cuenta de que Page es solo un espejo decorativo que devuelve el reflejo del poder, no el de la verdad.


Y así pasa el tiempo. Con Page amagando otra vez, insinuando su descontento, advirtiendo sin actuar, simulando incomodidad... pero firmando, votando y cobrando como todos. Es la política del parecer sin ser, del criticar sin arriesgar, del estar sin estorbar.


García-Page es el político corcho. Rebota, flota y siempre aparece. Nunca se moja, nunca se hunde, nunca se mueve. Solo ocupa espacio. Lo justo para no molestar al jefe... pero lo suficiente para seguir ahí cuando todo se hunda.

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