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Feijóo frente al muro del sanchismo: incapaz de rentabilizar ni la podredumbre

  • Foto del escritor: Miguel Ángel Arranz Molins
    Miguel Ángel Arranz Molins
  • 11 oct
  • 2 Min. de lectura

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El Partido Socialista, con Pedro Sánchez al mando, ha alcanzado un punto peligroso y casi irreversible: ha conseguido amortizar la corrupción. Lo indecente ya no escandaliza. Los casos ya no erosionan. Las portadas se suceden, los titulares se desgastan, y el votante —saturado, anestesiado o resignado— ya no reacciona. Han logrado el equilibrio perfecto entre la manipulación mediática y la indiferencia social.


La Moncloa lo sabe y lo explota con precisión quirúrgica. Cada vez que una trama amenaza con cercar al Gobierno, Sánchez se sube a un avión, se fotografía con algún líder extranjero y traslada el foco fuera de España, reforzando su imagen de “estadista internacional”. Es una estrategia tan vieja como efectiva: mientras la ciudadanía debate sobre su último discurso en la ONU, nadie pregunta por el hermano, por Koldo, por Ábalos o por la propia Begoña Gómez.


Y mientras tanto, al otro lado del tablero, Feijóo sigue sin saber aprovechar la oportunidad. Tiene enfrente al Gobierno más salpicado por la corrupción desde los tiempos del felipismo y, aun así, es incapaz de capitalizar el descontento. Habla sin golpear, denuncia sin convicción, y cada intervención suya suena a trámite burocrático, no a alternativa de poder.


Sánchez ha entendido algo que la derecha aún no: el relato lo es todo. No importa lo que ocurra, sino cómo se cuenta. Ha hecho de la corrupción un tema viejo, cansino, amortizado. La gente ya no espera limpieza, solo espectáculo. Y ahí, el presidente se mueve como pez en el agua.


Por eso quien crea que el Partido Popular tiene el camino despejado para 2027 se equivoca. El PSOE llega con la maquinaria engrasada, con la corrupción amortizada y con el votante de izquierdas dispuesto a perdonar cualquier cosa con tal de que “no vuelvan los otros”.


La verdadera incógnita está en Vox. Si logrará canalizar el hartazgo o si volverá a diluirse en la eterna guerra civil interna de la derecha española, incapaz de ofrecer una alternativa seria y conjunta.


En resumen: Sánchez ha blindado su corrupción, ha domesticado a los medios y ha desarmado a la oposición. Lo que antes hundía gobiernos, hoy apenas araña titulares. Y mientras la derecha siga entretenida en sus disputas, el PSOE seguirá creciendo sobre las ruinas morales que él mismo ha provocado. Porque en España, hoy, la corrupción ya no se paga: se amortiza.


Miguel Ángel Arranz

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