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España, el país donde madrugar se castiga y depender del Estado se premia

  • Foto del escritor: Miguel Ángel Arranz Molins
    Miguel Ángel Arranz Molins
  • 6 oct
  • 2 Min. de lectura

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Mientras los focos del Gobierno apuntan a conflictos internacionales y debates estériles que solo sirven para distraer, la verdadera guerra se libra en casa. Y el enemigo no lleva uniforme ni bandera extranjera: es el propio Estado. El auténtico conflicto interior de España se llama fiscalidad asfixiante. Que un trabajador de clase media tenga que entregar más del 50% de su sueldo a Hacienda no es una política social, es un saqueo consentido.


Pedro Sánchez y su maquinaria socialista han elevado la presión fiscal a niveles nunca vistos. Sesenta y nueve subidas de impuestos desde 2019. Sesenta y nueve formas diferentes de meter la mano en el bolsillo del ciudadano que madruga, del autónomo que abre la persiana, del empleado que no falla un solo día. Ese contribuyente medio que, según el Instituto Juan de Mariana, paga ya 15.500 euros al año en impuestos.

Y mientras tanto, el Gobierno se felicita, sonríe y aplaude su “redistribución”.


Pero no nos engañemos: esto no es redistribuir riqueza, es redistribuir votos. Se trata de una ingeniería electoral perfectamente diseñada: castigar al que produce, exprimir al que trabaja, para mantener al que vive del subsidio eterno. Un modelo que no incentiva el esfuerzo, sino la dependencia. Y ese es el verdadero objetivo del socialismo moderno: crear ciudadanos dependientes, agradecidos del político que les da una ayuda que previamente les ha robado a otros.


Lo más perverso del asunto es el relato. Escuchar todavía a personas decir “Pedro Sánchez me ha dado una beca” o “me ha dado una ayuda” demuestra la eficacia de la manipulación. No, señor. No se la ha dado Pedro Sánchez. Se la ha pagado el trabajador al que el Estado le arranca medio sueldo. Se la ha pagado la clase media, esa que se desangra entre el IRPF, la Seguridad Social, el IVA y un sinfín de tasas encubiertas.


El socialismo no busca igualdad, busca sumisión. Cuanto más dependa la gente del Estado, más fácil es controlarla. Cuanto más desaparezca la clase media, más polarizada estará la sociedad entre los que no tienen nada y los que lo tienen todo. Y entre ambos extremos, los de siempre: los que pagan el coste del de arriba y el coste del de abajo.


España no puede seguir tolerando este expolio. No podemos seguir aceptando que trabajar más signifique ganar menos. No podemos seguir aplaudiendo a quienes nos roban con una sonrisa. Porque detrás de cada euro que se lleva Hacienda, hay una hora menos con tu familia, un proyecto que no se emprende, una vida que no progresa.


Y lo peor de todo es que nos lo venden como justicia social.


Miguel Ángel Arranz

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