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El ridículo de Pedro Sánchez: los españoles prefieren ver a Sergio Ramos cantar en el Hormiguero

  • Foto del escritor: Miguel Ángel Arranz Molins
    Miguel Ángel Arranz Molins
  • 2 sept
  • 2 Min. de lectura

Actualizado: 3 sept


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Lo de la última entrevista de Pedro Sánchez en RTVE ha sido histórico… pero por la humillación, no por el contenido. El presidente del Gobierno, que se sentó en prime time creyendo que todo el país estaba pendiente de sus palabras, acabó tercero en audiencia. Sí, tercero. Los españoles, antes que escuchar por enésima vez su discurso de “resistiré, soy la última frontera contra los fachas”, prefirieron ver a Sergio Ramos cantando en El Hormiguero. Y no solo eso: hasta “La Ruleta de la Suerte” le pasó por encima. Ni la puesta en escena, ni la entrevista pactada, ni los mensajes “históricos” salvaron la noche. España habló… cambiando de canal.


Es tan demoledor como revelador: nadie cree ya al presidente. Los españoles ya saben de memoria lo que va a decir antes de que lo diga. Promesas, justificaciones, ataques a los jueces, culpas a la ultraderecha, victimismo a granel… y cero novedades. Por eso, cuando Sánchez habla, el mando a distancia actúa. La gran batalla de la noche no fue contra Vox, Feijóo o Milei: fue contra Sergio Ramos… y la perdió. Lo preocupante no es solo la caída de audiencia, sino el reflejo de la desconexión total entre el presidente y la ciudadanía. El país ha dejado de escucharle.


Pero el dato es todavía más humillante si se mira en frío: la entrevista estaba estratégicamente colocada en prime time para “llegar a todos los españoles”. Se suponía que era el gran mensaje presidencial, su momento para reconectar con el país… y la respuesta fue un muro de indiferencia. Los españoles prefirieron ver concursos, canciones, chistes y hormigas de peluche antes que a su presidente. Tercer lugar. Ni siquiera rozó el podio. Y esto no es solo un problema de audiencias: es una cuestión de credibilidad. Cuando la gente ya no te cree, ni una hora de plató puede cambiarlo.


Que un presidente del Gobierno salga en televisión, en horario estelar, con todo el aparato mediático detrás, y acabe siendo lo tercero más visto —incluida una ruleta que reparte quesitos y vocales— es algo preocupante y vergonzoso. Es la prueba más clara de que España ya no compra su relato.


La Moncloa se blinda, el presidente se aferra a su discurso, pero los españoles simplemente le han dado la espalda. El país está en otra cosa… y eso, aunque Pedro Sánchez no lo entienda, es el principio del fin.


Miguel Ángel Arranz

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