El PNV y la mamandurria: crónica de una traición anunciada
- Miguel Ángel Arranz Molins
- 4 jul
- 2 Min. de lectura

Los nervios empiezan a aflorar en Sabin Etxea. El PNV huele que la mamandurria con el PSOE se acaba, y como buen partido que ha hecho del chantaje político su modo de vida, ya empieza a deslizar la pierna hacia el otro lado del lecho: el PP. No es la primera vez que lo hace, y si algo ha demostrado históricamente el Partido Nacionalista Vasco es que su verdadero compromiso no es con la izquierda ni con la derecha, sino con sus propios privilegios.
Conviene recordar uno de sus grandes hitos de hipocresía: votar a favor de los Presupuestos Generales de Mariano Rajoy y, tan solo una semana después, apoyar la moción de censura que lo desalojaría de La Moncloa. ¿El motivo? Decían que no podían tolerar la corrupción del PP… pero parece que sí pudieron tolerarla mientras aún se repartían el pastel presupuestario.
Nacionalismo de saldo
El PNV es ese amigo que te abraza mientras te quita la cartera. Se presenta como garante de la estabilidad, defensor del autogobierno vasco, europeísta, pactista… pero cuando toca pasar por caja, es el primero en alzar la mano para exigir más cupo vasco, más competencias, más dinero, más todo, sin importar qué partido esté al frente del Gobierno central.
El nacionalismo del PNV no es de bandera ni de calle. Es de despacho y factura, un nacionalismo egoísta, selectivo, que solo mira por el negocio de su cortijo mientras presume de “modelo vasco”. Y ahora que el PSOE se tambalea, ya ensayan el paso de la alfombra roja hacia el PP, donde les recibirán, como siempre, con la nariz tapada y la cartera abierta.
¿Nuevo felpudo del PP?
La historia se repite. El PNV lleva décadas jugando a dos bandas. Habla de ética mientras firma con corruptos, habla de diálogo mientras chantajea, habla de estabilidad mientras desestabiliza. Y ahora se prepara para convertirse en el nuevo felpudo del PP, ese partido al que hace cuatro años acusaba de corrupción y de poner en riesgo la democracia. Pero claro, cuando la mamandurria peligraba, el enemigo de ayer se convierte en el cómplice de mañana.
El PNV no es un socio leal ni de izquierdas ni de derechas. Es un instrumento de poder para sí mismo, una herramienta de presión que ha sabido sacar rédito de cada gobierno en minoría. No creen en España ni en su unidad, pero viven —y muy bien— de ella. Y ahora que ven venir el invierno, buscan otro abrigo al calor del poder, aunque huela a la corrupción que ayer decían despreciar.
Miguel Ángel Arranz



