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El nivel: de los escaños al bar de carretera

  • Foto del escritor: Miguel Ángel Arranz Molins
    Miguel Ángel Arranz Molins
  • 22 oct
  • 2 Min. de lectura

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Y luego se sorprenden de que la gente piense que este país está podrido por dentro. La escena política española ha dejado de ser un intercambio de ideas para convertirse en una pelea de taberna. Ya no se discuten leyes ni se confrontan proyectos: se reparten collejas verbales, se lanzan insultos y se mide quién tiene más “media hostia”. Así de alto está el nivel.


Porque cuando un exvicepresidente del Gobierno, alguien que pretendía “asaltar los cielos”, responde en redes con expresiones de macarra de esquina, el problema no es solo él. El problema es el país que lo ha aplaudido, el país que lo ha escuchado dar lecciones de moral, de ética, de democracia, mientras su lenguaje es digno del callejón de una discoteca a las cuatro de la mañana.


Esto ya no es política, es matonismo institucionalizado. Y lo peor no es que se insulten: lo peor es que muchos lo celebran, lo jalean, lo convierten en espectáculo. Hemos pasado de los debates parlamentarios a los duelos de testosterona virtual. Y si esta es la izquierda “intelectual”, si este es el referente que muchos han tenido durante años, apaga y vámonos.


Porque en el fondo, todos hacen un papel. También este personaje. Cuando se retiró de la política, se disfrazó de intelectual de tertulia. Ahora que quiere volver, adopta el papel contrario: el del maleducado agitador de barrio. Sabe perfectamente lo que hace, porque conoce a su público. Y ahí está el verdadero drama: que el problema no es solo él, el problema somos nosotros, que seguimos dándole audiencia, protagonismo y razón.


Lo de hoy no es ideología, es macarrismo con corbata. Es la demostración de que en España ya no se premia la razón, sino la falta de ella. Si este es el nivel de quien ha sido y todavía pretende ser influyente en el rumbo del país, no nos extrañe que el país sea exactamente lo que es: un circo con los payasos al mando.


Miguel Ángel Arranz

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