El dinero en metálico ya no huele… depende de quién lo toque
- Miguel Ángel Arranz Molins
- 18 oct
- 2 Min. de lectura

Ahí lo tienes, negro sobre blanco: la Agencia Tributaria te invita a denunciar pagos en efectivo de más de 1.000 euros, porque según este Gobierno, eso es casi un delito. Pero luego ves cómo los mismos que aprobaron esa ley —los del PSOE de Pedro Sánchez— manejan sobres, dietas y pagos en metálico como si no pasara nada, y te das cuenta de que aquí la ley no vale lo mismo para todos.
Este es el Gobierno de Sánchez: el que criminaliza al ciudadano común por pagar con billetes de 50, pero blanquea sus propias miserias cuando el dinero circula entre los suyos. Es la izquierda del “haz lo que digo, no lo que hago”. La izquierda que legisla para controlarte mientras ellos se lo saltan todo, con la tranquilidad de quien sabe que nadie les va a tocar.
Nos vendieron la limitación de los pagos en efectivo como una medida “contra el fraude”, “contra la economía sumergida”. Mentira. Era una excusa para fiscalizarte hasta el último euro, mientras ellos siguen viviendo del dinero público y repartiéndose sobresueldos disfrazados de dietas. El mismo Estado que te pide justificante hasta del café, tolera que sus ministros o asesores cobren en mano sin despeinarse.
Peor aún: te piden declararlo hasta en Wallapop. Te exigen justificar ventas de segunda mano en la aplicación del móvil, declarar ingresos por un sofá o una bici, mientras en los despachos oficiales se mueve efectivo sin que pase nada. Esa es la lógica: escrutinio total para la gente corriente; “flexibilidad” para los de dentro.
Esto no es una anécdota, es el retrato de un sistema podrido. Porque cuando la norma se convierte en arma contra el ciudadano, y escudo para el político, deja de ser Estado de Derecho. Es puro totalitarismo encubierto.
Y que no se engañe nadie: esto no es descontrol, es estrategia. Lo decía Goebbels en su manual de manipulación —y Sánchez lo ha aprendido de memoria—: “Convierte en normal lo que antes era delito, repítelo mil veces y el pueblo dejará de escandalizarse”. Pues ahí estamos. Hoy nos escandaliza menos ver sobres en metálico en despachos públicos que una compra en efectivo de 1.200 euros en una ferretería.
Han conseguido lo que querían: controlar al ciudadano y blindar al poder. Te persiguen por no tener factura y ellos no la necesitan. Te fiscalizan tu cuenta bancaria y ellos te dicen que no hay que ser “puristas” con las dietas. Y mientras tanto, el pueblo sigue pagando, denunciando, y tragando.
Porque este es el verdadero eslogan del sanchismo:
“La ley es para ti. El efectivo, para nosotros.”
Miguel Ángel Arranz



