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El chicle que todos mastican cuando les conviene

  • Foto del escritor: Miguel Ángel Arranz Molins
    Miguel Ángel Arranz Molins
  • 10 nov
  • 2 Min. de lectura

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La política española tiene un talento especial para insultar nuestra inteligencia. Y el caso Junts es el mejor ejemplo: un partido que, sin cambiar absolutamente nada, ha sido presentado como moderado, fiable, dialogante, traidor, extremista, ultra, reaccionario, independentista radical, pobrecito engañado y hasta “víctima de Sánchez”, según quién necesite el titular del día.



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El PSOE, durante dos o tres años, ha ejercido de agencia de marketing de Junts.

Nos vendieron que eran un socio responsable, casi europeísta, casi institucional, casi sensato.

Todo “casi”.

Porque hacía falta que lo pareciera para sostener el chiringuito de la legislatura.


Junts era “moderación”, “diálogo”, “gente con la que se puede hablar”.

Vamos, la versión catalana de los boy scouts, según el guion de Moncloa.


Pero ahora que ya no les apoyan, prepárate para el giro de guion:

De repente serán “extrema derecha”.

O “extrema izquierda”.

O “ultranacionalistas peligrosos”.

O “una amenaza para la convivencia”.

O todo a la vez, si hace falta.

Porque cuando el PSOE quiere destruir a alguien, le da igual que la etiqueta no encaje: la pone y punto.


El problema nunca fue Junts.

El problema siempre fue necesitarlos.

Cuando daban sus votos, eran “fiables”.

Cuando los retiran, mágicamente dejan de serlo.

Qué casualidad.

Qué sorpresa.

Qué poco respeto por el votante.


Y en frente, el Partido Popular, que tampoco se queda corto.

El PP lleva años diciendo que Junts era un socio inestable, radical, antiespañol y tóxico simplemente porque pactaba con Pedro Sánchez.

Pero ahora, como la historia cambia y hay que sumar por donde sea…

¡tachán!

Junts puede ser un socio válido, dialogante, razonable.

Un socio que merece una oportunidad porque, pobrecitos, Pedro Sánchez les ha engañado.


Qué ternura, ¿verdad?

El PP defendiendo a Junts como si fuese un gatito abandonado.


Los mismos que ayer sostenían que era un partido que quería romper España, hoy te dicen que solo están “desorientados”, “maltratados por Moncloa” y “abiertos al diálogo real”.


Vamos, hombre.

Lo único que tienen abierto es el escaparate: al mejor postor, como siempre.


La realidad es muy simple:

Junts no ha cambiado.

Los que cambian son los que necesitan sus votos.


El PSOE les llamó moderados cuando eran necesarios.

Ahora que no lo son, serán peligrosos.

El PP les llamó peligrosos cuando estaban con Sánchez.

Ahora que pueden servirles, serán “sensatos”.


Esto no va de ideología.

No va de España.

Y no va de estabilidad.


Va de votos.

Va de poder.

Va de necesidad.


Junts es el mismo partido hoy que ayer:

el que manda cuando los demás no llegan a 176.


Y los demás, como siempre, bailan según su música.

Miguel Ángel Arranz

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