Del ‘nunca’ al ‘estamos aquí para hablar
- Miguel Ángel Arranz Molins
- 25 oct
- 2 Min. de lectura

Al final, la historia siempre se repite: cambian los nombres, los logos y los colores de las corbatas, pero el guion es el mismo. Si Feijóo tiene que decir que sí, dirá que sí. Si tiene que pactar con quien juró no pactar jamás, lo hará. Y si tiene que tragarse sus palabras, no duden que lo hará con un buen vino gallego para que le baje mejor.
Porque, seamos claros, Feijóo no es un hombre de convicciones, sino de conveniencias. Y cuando el poder asoma, se derriten los principios como mantequilla al sol. Ya lo dijo él mismo, sin decirlo: “Nosotros con un prófugo no pactamos”. Faltó añadir el “salvo que me venga bien”. Lo demás son adornos de campaña, de esos que se quitan en cuanto se apagan las cámaras y se abren los despachos.
Feijóo es, en esencia, otro Pedro Sánchez. Cambie usted el tono, el acento y el color de la chaqueta, pero el alma es la misma: la del político que haría un pacto con el mismísimo diablo con tal de sentarse en la silla de Moncloa. Y lo peor es que ni lo disimula. Espera paciente a que Junts haga caer al gobierno, no por convicción patriótica ni por sentido de Estado, sino porque ve una rendija para colarse en el poder. Y en cuanto eso ocurra, ahí estará él, con el brazo extendido y la sonrisa ensayada, diciendo: “Nosotros estamos aquí para hablar”.
Sí, para hablar. Para hablar con los mismos a los que ayer llamaba golpistas, prófugos y delincuentes. Pero hoy, si hace falta, serán “interlocutores válidos”, “fuerzas políticas con las que hay que dialogar”. El manual del político moderno: donde dije digo, digo Moncloa.
Feijóo está a un paso de convertirse en lo que más criticó. De ser el espejo azul del sanchismo, el mismo oportunismo con distinta bandera. Y si finalmente pacta con los que pretendían romper España, que nadie se sorprenda: lo hará convencido de que “es por el bien del país”. Igualito que Pedro.
La diferencia es que Sánchez al menos no se esconde. Feijóo, en cambio, quiere parecer digno mientras prepara la alfombra para quienes, hace dos meses, eran el demonio. Y cuando todo esto ocurra —porque ocurrirá—, que nadie venga con cuentos de responsabilidad o sentido de Estado. No, esto se llama ambición, y en el diccionario político español es la única palabra que se escribe igual en rojo y en azul.
Miguel Ángel Arranz



