Del fuego al relato: la tragedia como escenario de marketing político.Da asco
- Miguel Ángel Arranz Molins
- 14 ago
- 2 Min. de lectura

Llega el verano y, como un reloj suizo, vuelven los incendios… y con ellos la misma polémica de siempre. Mismos argumentos, mismas declaraciones, mismos debates de manual: que si falta mantenimiento de los montes, que si hay que invertir más en prevención, que si la culpa es del cambio climático, que si hay negligencia… Todo dicho con una solemnidad que daría risa si no fuera por el drama que hay detrás.
Pero, por encima del humo y las llamas, hay algo que arde todavía más: la necesidad política de ganar el relato. Porque, seamos sinceros, lo que parece importar no es tanto el incendio como la foto. No es la extinción, es quién llega antes al lugar del desastre. Da igual que haya consejeros, directores generales, técnicos forestales, bomberos, brigadas, pilotos y voluntarios trabajando sin descanso; lo importante —al menos para la política espectáculo— es que aparezca el presidente o presidenta de turno en medio del operativo, como si su sola presencia apagara el fuego y curara heridas.
Y entonces uno se pregunta: ¿para qué tenemos toda esa estructura política y técnica si al final la “solución” es que se plante el jefe? Parece que todo está supeditado a la liturgia mediática del momento: aterrizaje en helicóptero, rueda de prensa, declaraciones grandilocuentes, promesas de futuro… y vuelta a la oficina con las cámaras grabando.
Cada año, al final, el guion es el mismo: convertir una tragedia en un escenario de marketing político, como si el fuego fuera una oportunidad para apuntarse un tanto. Y ahí, por desgracia, no hay colores: lo hacen unos y lo hacen otros.
No, no hay incendio “bueno”, y menos cuando deja muertos por el camino. Por eso, a quienes realmente ponen el cuerpo, arriesgan la vida y sienten de verdad las pérdidas humanas y materiales, les sobra cualquier etiqueta. Merecen respeto absoluto. Y ese respeto se pierde cuando, en lugar de reconocer su trabajo y centrarse en lo urgente —apagar el fuego y evitar que vuelva—, se activa la maquinaria del relato para ver quién se cuelga la medalla más brillante.
Porque si de verdad se tratara de combatir el fuego, hace tiempo que se habrían solucionado muchas de las carencias que año tras año denunciamos. Pero aquí la prioridad no es apagar incendios… es ganar titulares.
Miguel Angel Arranz



