Del coche compartido a la casa compartida: el Gobierno prepara el futuro intervencionista.
- Miguel Ángel Arranz Molins
- 9 ago
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Pere Navarro vuelve a la carga con otra de esas ocurrencias que parecen sacadas de un manual de ingeniería social: prohibir que los conductores circulen solos en su coche. La excusa oficial, muy ecológica y políticamente correcta, es que “con dos ocupantes por coche habría la mitad de vehículos en circulación”. El mensaje encaja perfectamente con el guion de este gobierno: aparentar preocupación por el medio ambiente mientras se ignora, tapa o desplaza del foco mediático cualquier debate incómodo sobre corrupción, amiguismos y clientelismo.

Porque no nos engañemos: cuando el gobierno quiere que se hable de otra cosa, aparecen medidas como esta. Lo mismo da si la trama es el “caso Koldo”, el “hermanísimo”, la “Begoñagate” o cualquier otro escándalo que salpica a su círculo. En lugar de rendir cuentas, el Ejecutivo prefiere entretenernos con prohibiciones absurdas, como si estuvieran preparando el terreno para un manual de convivencia obligatorio, donde un burócrata decida hasta con quién puedes ir en tu coche.
Y no es descabellado pensar que, con este tipo de mentalidad intervencionista, mañana nos digan que dos familias deben compartir vivienda “por el bien del planeta”, lo que de paso “pondría más casas en el mercado” y así podrían vendernos el cuento de que están bajando los precios. O que las vacaciones se permitan solo una vez cada dos años “para reducir la huella de carbono”. Todo, por supuesto, mientras ellos disfrutan de sus sueldos blindados, coches oficiales y viajes en Falcon sin dar explicaciones.
La estrategia es clara: distraer, dividir y controlar. Y lo peor es que muchos ciudadanos siguen cayendo en la trampa, discutiendo sobre si la medida es viable o no, en lugar de preguntarse por qué quienes nos gobiernan dedican tiempo y recursos a estas ocurrencias en vez de enfrentar la corrupción que les salpica. En política, las cortinas de humo no se miden en CO₂, sino en su capacidad de tapar la podredumbre.
Miguel Ángel Arranz



