De progres a repudiados en menos de un telediario
- Miguel Ángel Arranz Molins
- 29 oct
- 2 Min. de lectura

Vaya por Dios. Los de Junts, los de Carles Puigdemont, ya no son progres. Se acabó el cuento. Ahora resulta que son ultraderecha, reaccionarios, peligrosos y poco menos que una amenaza para la democracia. Qué casualidad, justo cuando ya no sirven a los intereses de Pedro Sánchez.
Durante años, nos vendieron que pactar con Junts era un ejercicio de “altura política”, de “diálogo”, de “valentía democrática”. Se les llamaba socios, compañeros de viaje, aliados por la convivencia. Pero claro, eso era cuando convenía. Ahora que el idilio se ha roto y los votos ya no caen del lado correcto, el relato cambia. De repente, Junts son los malos.
Así funciona la izquierda. Conmigo o contra mí. Mientras sirvas, eres un héroe de la democracia. Cuando dejas de ser útil, te conviertes en un monstruo. No hay matices, no hay coherencia, no hay vergüenza.
Y lo mejor está por venir. En los próximos días, veremos desfilar a toda la tropa mediática del régimen explicándonos que “Junts siempre fue de derechas”, que “en realidad eran nacionalistas conservadores” y que “ya se sabía que eran ultras”. Qué curioso: lo descubren justo ahora, después de cinco años de abrazos, pactos y cesiones vergonzosas.
La izquierda española es así: cambia de principios como de camisa. Lo que ayer era progreso, hoy es fascismo. Lo que ayer era convivencia, hoy es ultraderecha. Todo depende de si sirve al poder o no.
Junts no ha cambiado. Quien ha cambiado —una vez más— es el discurso oportunista de una izquierda que solo sabe gobernar a base de relato, propaganda y manipulación. Y cuando el relato se les cae, fabrican otro. Aunque sea insultando a quienes ayer llamaban “socios”.
Bienvenidos al nuevo capítulo de la hipocresía progresista: “De socios de gobierno a enemigos del pueblo en tiempo récord”.
Miguel Ángel Arranz



