Celebrar el fracaso: la perversión de la política social
- Miguel Ángel Arranz Molins
- 8 jul
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Los portavoces del PSOE celebran con entusiasmo el aumento del Ingreso Mínimo Vital como si fuera una medalla al mérito social. Pero no lo es. Más personas dependiendo de una ayuda estatal no es progreso, es el síntoma más claro de un sistema que fracasa a la hora de generar oportunidades reales. Convertir la dependencia en un logro político es pervertir el sentido mismo de la política social.
El Ingreso Mínimo Vital nació como un recurso de emergencia, no como una estructura permanente de subsistencia. Sin embargo, lejos de acompañarse de políticas eficaces de inserción laboral o reactivación económica, se ha transformado en un instrumento clientelar con el que sostener una base electoral cautiva y agradecida. Y eso no es política social, es manipulación encubierta.
Lo grave no es solo que el número de beneficiarios aumente, sino que se normalice como algo positivo. ¿Dónde están los datos de empleabilidad, de mejora de condiciones de vida, de ascenso social? El verdadero éxito sería reducir cada año el número de personas que necesitan esa ayuda, no al revés. Lo demás es populismo vestido de compasión.
Presumir de que millones de ciudadanos dependen del Estado para poder comer no es una victoria de ningún gobierno decente, es una prueba de su incapacidad para construir una economía fuerte, libre y digna. Quien aplaude ese modelo está celebrando dla consolidación de la pobreza, no su erradicación. Y eso debería avergonzar, no generar aplausos



