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Alianza Catalana será la caída del gobierno de Pedro Sánchez

  • Foto del escritor: Miguel Ángel Arranz Molins
    Miguel Ángel Arranz Molins
  • 19 sept
  • 2 Min. de lectura

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Alianza Catalana, liderada por Sílvia Orriols, es un partido que hasta hace dos días parecía anecdótico en la política catalana y española. Nació en Ripoll en 2020, con un discurso nítido, radical y sin complejos: independencia unilateral, rechazo a la inmigración masiva, defensa de la identidad catalana y una visión sin maquillaje del deterioro social y político en Cataluña. Muchos se rieron de ellos. Hoy ya no se ríe nadie.


Las encuestas lo dejan claro: el CEO en marzo y Sigma Dos en septiembre coinciden en que Alianza Catalana podría multiplicar por cinco sus escaños y alcanzar los 11-14 diputados en el Parlament de Cataluña, convirtiéndose en una fuerza real y temida. Mientras tanto, Junts se hunde, con pérdidas constantes de apoyo popular y caídas que lo dejan en torno a los 24-26 escaños, cuando llegó a tener más de 30. El feudo de Puigdemont está desangrándose, y el motivo es evidente: los catalanes han dejado de creer que el apoyo a Pedro Sánchez sirva para “arrancar concesiones para Cataluña”. Han entendido lo que realmente es: una maniobra burda para facilitar el regreso personal de Puigdemont a España y asegurarle un futuro político a costa de todos.


Junts se ha convertido en un partido parásito, obsesionado con sobrevivir a cualquier precio y en mantener sus cuotas de poder, aunque sea arrastrándose en pactos indignos con un gobierno agotado. Les da igual Cataluña, les da igual España, les da igual todo lo que no sea su sillón. Y ese discurso ya no cala. Ni siquiera el victimismo que durante décadas les sirvió como refugio convence a los catalanes. Hoy el votante de Junts siente que su partido se ha vendido barato, que ha cambiado ideales por migajas de poder, y que ese apoyo a Sánchez es humo mal empaquetado.


Ahí entra en juego Alianza Catalana. Porque Orriols y los suyos no necesitan tumbar al gobierno de Sánchez directamente. No tienen números para hacerlo en el Congreso. Pero sí tienen la llave del miedo en Cataluña. Cada diputado que ganan es un mordisco al electorado de Junts. Cada encuesta que confirma su ascenso es un aviso: Junts está condenado a la irrelevancia si sigue sosteniendo a Sánchez. Y esa es la realidad que aterra a Puigdemont y compañía.


La caída del gobierno de Sánchez no vendrá por un golpe frontal de la oposición en Madrid, sino por el derrumbe progresivo de sus aliados en Cataluña. Junts no puede permitirse seguir apareciendo como el salvavidas de un presidente que ya no convence a nadie, porque el precio será su propia desaparición política. Y cuando la disyuntiva sea morir políticamente o dejar caer a Sánchez, la respuesta será evidente: Junts salvará su pellejo.


En definitiva: Alianza Catalana puede ser, indirectamente, la dinamita que haga estallar la legislatura de Pedro Sánchez. No por su fuerza en el Congreso, sino porque su irrupción está dejando sin oxígeno a Junts, y Junts ya no puede vender su apoyo a Sánchez sin suicidarse en Cataluña. La conclusión es clara: Alianza Catalana es hoy la amenaza más real para el futuro político de Pedro Sánchez.


Miguel Ángel Arranz

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