Ahora todos callados
- Miguel Ángel Arranz Molins
- 18 nov
- 2 Min. de lectura

Ahora que Telefónica prepara otro ERE, me imagino la escena: Yolanda Díaz ajustándose el traje estilo sindical chic, Pedro Sánchez afilando el discurso con sonrisa fotogénica, y todo el Gobierno calentando la garganta para exigir “ni un despido más en España”.
Porque claro, cuando lo hacen Inditex, Carrefour, Mercadona o cualquier empresa privada, ahí sí: gritan, exigen, amenazan, insultan, y se cuelgan de los micrófonos para decir que “los trabajadores son sagrados” y que “las empresas no pueden jugar con la vida de las familias”.
Perfecto. Entonces, ahora quiero ver exactamente lo mismo. No son coherentes ni cuando leen el titular.
Porque en este caso, casualidad o ironía del destino, Telefónica tiene al Estado dentro del accionariado con casi un 10%.
Sí, la misma Telefónica de la que este Gobierno es accionista orgulloso, y en la que acaban de meter más de 2.200 millones de dinero público mientras España tiene listas de espera, paro juvenil disparado y servicios públicos que se caen a pedazos.
Así que venga, que ahora es muy fácil:
Sánchez, exige que no se despida absolutamente a nadie.
Yolanda, amenaza con bloquear el ERE.
Montero, saca tu tono de ministra indignada.
Sumar, Podemos, Compromís, ERC y los de siempre: a llorar a las puertas de Telefónica.
Si tanto os duele que las grandes empresas hagan ajustes laborales, ahora tenéis la oportunidad perfecta para demostrar coherencia.
Esta vez no hay excusas: la empresa es “vuestro círculo”. Tenéis acciones, tenéis representación, tenéis voto y tenéis narrativa.
Claro que también entiendo la otra parte.
A lo mejor ahora sí vale despedir gente.
A lo mejor ahora sí hay “razones estructurales”.
A lo mejor ahora sí es “estrategia empresarial”.
A lo mejor ahora el despido deja de ser cruel y pasa a ser sostenible, progresista y con perspectiva de género, clima y diversidad.
Depende de quién firma la nómina, ¿no?
Porque en España hay un concepto que solo entiende la izquierda en el poder:
Lo que es malo cuando lo hace otro, es modernización cuando lo hago yo.
Así que a la espera estoy. De momento, silencio.
Ni un tuit.
Ni un megáfono.
Ni una señora llorando
Miguel Ángel Arranz



